Ángel AlonsoBellas ArtesEjemplar XXVI

El universo onírico de Brian Sánchez

El universo onírico de Brian Sánchez

Lo onírico siempre ha estado presente en el arte, mucho antes del surgimiento del surrealismo -que lo subraya e investiga-, porque soñar no es un acto pasivo, ni siquiera paciente o inconmovible, es algo que influencia de manera vital nuestro período diario de vigilia, que condiciona nuestro estado psicológico y es, sobre todo, el único campo en el que el pensamiento se comporta de manera libre y emancipada, aceptando como verosímil y natural todo lo que al despertar sentencia como ilógico, remoto o imposible.

El acto de crear posee una aproximación a los procesos que intervienen en los sueños, estableciendo una notable diferencia con el resto de las acciones necesarias que realizamos para sobrevivir. Alimentarnos, protegernos de los peligros, no expresa nuestra diferencia con otras especies, ni siquiera aquello que llamamos «vida productiva» constituye la principal distancia con el reino animal. Es la vida espiritual, que se esboza en los sueños y toma forma material en la producción artística lo que nos define, por eso no existe una sociedad, por primitiva que sea, en la que no esté presente el arte.

Es a esta condición onírica del ser humano hacia donde dirige su mirada Brian Sánchez Jiménez (Santiago de Cuba, 1986), un artista que en muy poco tiempo ha obtenido, gracias a la madurez de su obra, numerosos premios y menciones en diferentes eventos. Además de estos éxitos, también la crítica especializada lo ha reconocido a partir de diversos textos. En palabras de Toni Piñera «No hay dudas de que al observar las piezas de Brian Sánchez, el espectador se encuentra sumido en un collage artístico donde se reflejan instantes de la historia del arte por la forma y las tonalidades -de una paleta abierta-, y donde tenemos referencias a grandes de la pintura: Klimt, Chagall, nuestro Pedro Pablo Oliva, Miró…» y es cierto que un ojo entrenado puede detectar estas influencias, solo que han sido muy bien procesadas por el artista y el resultado manifiesta una voz propia, original hasta la médula.

En esta obra subyacen una serie de patrones individuales que condicionan al espectador a recogerse en un espacio tan íntimo que las palabras desaparecen. Es una pintura opuesta a cualquier tipo de definición obvia, por eso quienes estamos acostumbrados a clasificar, a explicar, nos vemos acorralados en un callejón húmedo y oscuro. Pero paradójicamente, no es sólo el poeta el que tomará la palabra ante el racional y desplazado crítico sino el psicólogo, porque en estos cuadros se percibe una fuerte conexión entre la pintura y la psicología.

Esta profundidad psíquica se manifiesta detrás de una figuración que, en una primera mirada, pudiera interpretarse como ilustrativa, hay incluso elementos de cierto tipo de comic en los personajes; la inclinación de las cabezas acentúa el carácter melancólico de los mismos y las manos tienen algo de renacentista. Hay una languidez en las miradas que armoniza con la delicadeza del tratamiento. Las armonías de color son equilibradas como una sinfonía en la que los músicos esconden el ego y colaboran entre sí para lograr un mismo objetivo. La ingravidez con que se mueven los protagonistas nos remite a aquellas pinturas religiosas y pobladas de ángeles y demonios que caracterizaron al gótico y al románico, pero esta atmósfera liviana y etérea se actualiza en nuestra época, pues los puntos de luz que pueblan las pinturas de Brian también nos hacen pensar en los experimentos del campo cuántico, no se trata de luces artificiales, son fotones, constelaciones de partículas que titilan como estrellas ante nuestra mirada, puntos de energía que entran y salen de la existencia cuestionando la condición material de un átomo.

Pintura aleatoria y armónica, que concilia el mundo de la espiritualidad con el de la ciencia, el de la poesía con el de la psicología, hace de nuestra fruición estética una experiencia sublime. Brian Sánchez no es solo una revelación como artista virtuoso sino una manifestación de rebeldía ante la persecución de la belleza que caracteriza a nuestra época en el mundo del arte contemporáneo, persecución prejuiciosa que tilda de sensiblera a toda aquella obra que indague en los sentimientos humanos, como hace profundamente este artista.

Ajeno a las modas y a los patrones del mercado más elitista, distante de los artificios que cada vez más envilecen los magnos eventos de arte, Brian Sánchez labra su propio camino, con la maestría, el rigor y el virtuosismo que caracterizan a los grandes creadores de todos los tiempos. Y cuando digo virtuosismo no me refiero a ningún alarde técnico sino a la pincelada precisa, a la atmósfera exacta y lograda, con firmeza y tenacidad pero sin pasarse, como decía Händel, que insistía -a sus discípulos- en que no se trataba de poner tantas notas sino las que iban y donde iban.

De un alto nivel espiritual, sin estridencias excesivas (sin notas de más) y con un procedimiento magistral del uso del color, con una asimilación procesada de sus influencias que deriva en un producto único, el artista transita su sólido camino convencido de su éxito, que no necesita de artimañas, porque es obvio tanto para los que pintan como para que no lo hacen que estamos ante una obra contundente, capaz de comunicarse -a diferentes niveles- con cualquier espectador. Lo que de ella aprovechamos como vivencia estética está condicionado por las virtudes del artista y no por extensas explicaciones teóricas que suelen acompañar a tantas obras vacías que pretenden llenar con palabras.

Esto no es, por tanto, una crítica para glorificar el trabajo de Brian, sería absurdo porque la calidad de estos cuadros es tan obvia que se promueven solos, este texto es más bien una concientización sobre lo innecesarias o insulsas que pueden ser las justificaciones, las vanas argumentaciones. ¿Puede ser más valiosa una obra que cuando no necesita de palabras? Abramos paso entonces a la imagen y guardemos un respetuoso silencio. 

Por: ÁNGEL ALONSO

Puede que lo peor de las riquezas, sea que ya no sabes cuáles son los abrazos y cuáles son los atracos.

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