Ángel AlonsoBarcelonaEjemplar XIEspañaEuropa

“La unidad de los opuestos” | Yalain Falcón

Yalain Falcón, Sin título, Acrílico / Tela
Yalain Falcón, Sin título, Acrílico / Tela

Por: Ángel Alonso

Cuando Filiberto Menna[1] escribió “La opción analítica en el arte moderno” -en 1975- quedaron esclarecidas, como nunca antes, las dos principales vertientes de las creaciones artísticas de nuestros tiempos. Una de ellas, la más emotiva y sensorial, engloba todo lo referente a lo que Marcel Duchamp llamaba “arte retiniano”, es decir: para los ojos, para la fruición hedonista, para el placer… mientras que la otra se refiere a la cualidad del arte como instrumento para la reflexión, para la introspección, en fin, la faceta racional que priorizaron los artistas que precedieron al Conceptualismo.

Es allí, en esta segunda tendencia de orden metalingüístico, aquella en la que el arte comienza a observarse a sí mismo, donde se inscribe la prioridad de lo analítico sobre lo expresivo y como expresión máxima del orden: el número, no dibujado o escrito aún pero presente en los procesos matemáticos que deja entrever la obra de Georges Seurat, quien para Menna es el pionero de esta vertiente, por tratarse de una pintura donde los claroscuros se resuelven mediante la separación o unión de puntos de color. El Puntillismo sujeta, en su esencia, una estructura matemática que contiene a la razón, al cálculo…a los números, aquellos mismos a los que se aferró luego el pintor francés Roman Opalka[2] durante toda su carrera, comenzando por el 1 hasta el 5607249, cuando la muerte interrumpe su conteo infinito, frecuencia de números consecutivos que testifican todos sus cuadros.

La actual obra del artista cubano Yalain Falcón consiste, precisamente, en una yuxtaposición entre las dos vertientes que define Menna en su estudio sobre el arte moderno. Por el lado racional sigue los pasos de Opalka y dibuja en sus cuadros números consecutivos, pero a esta sobriedad le superpone imágenes totalmente abstractas, gestuales, donde lo expresivo está presente, donde lo hedonista ocupa un lugar igualmente importante. Esta propuesta contiene un balance equitativo entre dos caminos que tradicionalmente se han considerado opuestos. Es una obra de conciliación, en la que las líneas rectas de un Piet Mondrian, por ejemplo, pudieran comulgar con la gestualidad de un Franz Kline, o como si Picasso y Duchamp armonizasen y sus seguidores dejasen a un lado la discusión sobre si la esencia del arte está en la mente o en el corazón, en la razón o en la pasión.

“Infinito” es el título de esta serie también infinita, el tema que aborda es el paso irreversible del tiempo, concibe como infinito un punto de fuga lejano, inalcanzable; tiene en cuenta la perspectiva que condiciona un pasado irrevocable y un presente cierto, enfatiza la importancia de vivir este presente de manera consciente e intensa mediante la acción de atraparlo en el lienzo a través del acto de pintar. Es la abstracción gestual, como demostró Pollock con su “action painting”, el único lenguaje capaz de atrapar el instante vívido, sin más distracciones que el estado de trance que provocan los pigmentos mismos al accionarlos, al dejarlos correr libremente, con la fuerza de gravedad como elemento aleado.

Yalain visualiza el momento atrapándolo en tiempo real, en forma de una pintura abstracta espontánea. Se aleja de aquella otra abstracción, racional y geométrica, que por ser más planificada lo apartaría de su objetivo: contrastar las cifras con las manchas que les acompañan. Esto enfatiza la polaridad entre la exaltación del impulso y la estabilidad de la repetición o lo que sería en palabras de Milán Kundera, la levedad y el peso. El resultado es una imagen misteriosa que se torna más sugerente al estar integrada por polos opuestos, pues el espectador relacionará las manchas con los números a los que físicamente sirve de fondo. Para nuestra percepción, acostumbrada a captar los colores y las formas más rápidamente que los textos y las cifras, son ellos los que están detrás, los que se observan en una segunda lectura, tras ser vistos como textura por su cualidad formal.

En obras anteriores a esta serie ya se vislumbraba la esencia de esta idea que aproxima los opuestos, como por ejemplo la realización mimética de un close up a una cebra, cuadro en el que el acercamiento a la piel del animal se convierte en una imagen parecida a las realizadas por los artistas del Op-art. En este caso lo figurativo (la cebra representada) se convierte en una abstracción parecida a algún cuadro de Victor Vasarely, artista húngaro a quien se le considera, precisamente, el fundador del arte óptico.

Diseñador de formación, este artista es un apasionado de la comunicación y el lenguaje gráfico es su herramienta, ha realizado exposiciones personales y ha participado en otras colectivas tanto en su país como en el extranjero. Es en los últimos cuando su obra ha dado un salto que lo ha sorprendido a si mismo y se ha entregado a la pintura como nunca antes.

Mucho se habla de la importancia del tiempo que el artista dedica a su obra y es bastante lógico suponer que mientras más años trabaje más ascenderá su calidad, pero la realidad es a veces caprichosa, se opone a nuestra lógica y nos demuestra que no se trata de tiempo sino de intensidad, si no fuera así, entonces Rafael Sanzio no hubiese podido llegar tan lejos en su corta vida, no hubiese podido dejar una huella tan honda en tan poco tiempo.

Yalain Falcón no sabía, cuando estudió diseño, que derivaría en un artista plástico, pero aprovecha muy bien sus conocimientos como diseñador en su obra, después de todo se trata de una carrera mucho más cercana a las artes plásticas que las estudiadas por muchos artistas que han trascendido. Desde Ives Klein, quien se formó como marino mercante y abarcó otras disciplinas como las lenguas orientales y el Judo hasta Louise Bourgeois, que estudió matemáticas y geometría antes de matricular cursos de Bellas Artes, encontramos en la Historia del Arte gran variedad de creadores que aplican sus conocimientos en otras materias a su obra. Sería de gran interés abordar un estudio profundo sobre este tema, ya que la especialización de nuestros tiempos crea distancias y prejuicios entre las diferentes disciplinas. Se mira a la formación artística como algo desligado de otras disciplinas y se olvida que en el Renacimiento el científico, el inventor y el artista, se podían encontrar en una sola persona.

Disciplinas como las matemáticas y otras áreas del saber, han nutrido el arte a través de los tiempos. Aunque los números de Opalka estén presentes en esta serie no se trata de una apropiación mimética ni gratuita, lo que aquí edifica Yalain Falcón es una fusión por contraste, una especie de unidad y lucha de contrarios que, paradójicamente, resulta mucho más espiritual que materialista.


[1] Filiberto Menna (Salerno, 1926) Profesor de Historia del Arte y autor de numerosas publicaciones sobre arte, arquitectura, diseño y teatro fallecido en 1988.

[2] Roman Opalka, artista francés de origen polaco (Abbeville, Francia, 1931 – Italia 2011).

triptico de la serie infinitud
Yalain Falcón, Tríptico de la serie «Infinito», Acrílico / Tela

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *