cabecera 2023 logo

Bellas Artes

L'architecture de l'invisible

Exposición personal de Tony Rodríguez en París
Por: Suzette Rodríguez

ARTÍCULO. (Versión digital)

En el punto de contacto entre el surrealismo clásico y el imaginario distópico contemporáneo se sitúa la pintura de Tony Rodriguez. Su exposición individual en París es un atlas de mundos interiores, una cartografía de la psique humana proyectada sobre objetos familiares que, bajo su mirada, pierden su función originaria para transformarse en guardianes del tiempo y la memoria.

Rodriguez trabaja a partir de inversiones de escala y de sentido. El objeto cotidiano se convierte en microcosmos, umbral, contenedor de realidades complejas. En Fragments of Eternity (2017), una tetera de vidrio fracturado revela en su interior una ciudad laberíntica, frágil y suspendida, como una Babel sumergida. El recipiente doméstico se transforma así en metáfora del conocimiento humano: una estructura delicada que intenta retener la historia mientras a su alrededor persiste la incertidumbre.

Esta tensión entre protección y confinamiento atraviesa también The Curse of Poseidon (2025), donde un submarino —emblema del poder tecnológico y de la conquista— se reduce a la escala de un pez ornamental, atrapado en una urna transparente. Rodeado por una arquitectura gótica y silenciosa, el artefacto humano aparece de pronto vulnerable, casi infantil, sugiriendo una reflexión sobre la desproporción entre nuestras ambiciones y la inmensidad del cosmos.

La ciudad, elemento central en la obra de Rodriguez, nunca es un simple fondo. Es un organismo vivo, un tejido que se adapta, se pliega y coloniza las formas. En algunas obras, la arquitectura se envuelve sobre sí misma hasta generar símbolos primarios, como una letra «O» urbana: un anillo infinito, un laberinto circular, imagen de un eterno retorno en el que refugio y prisión coinciden.

En Shelter of the Ephemeral (2019), la naturaleza y la construcción dialogan en una composición de intensa tensión poética. Una rosa, frágil y transitoria, emerge en el centro de una estructura monumental, rodeada de edificios que parecen brotar de la misma tierra. Aquí Rodriguez interroga la duración de las civilizaciones y la precariedad de las ambiciones humanas: ¿la ciudad protege a la flor o es testigo de su inevitable desaparición?

El tema del viaje atraviesa toda la muestra, pero se trata de un viaje interior, ontológico. En The Message of the Gods (2024), una embarcación circular se convierte en un lugar de contemplación y aislamiento; grabada en su casco, una ciudad sugiere que siempre llevamos con nosotros el peso de nuestra civilización, incluso cuando buscamos el silencio y lo absoluto. En Fighting for a Dream (2023), la visión cenital transforma el movimiento de los remeros en un gesto casi cósmico: avanzan, pero la sombra que los acompaña adopta la forma de un proyectil o de una aguja, señal del tiempo que es perforado por la acción humana.

The Visitors (2021) sintetiza la poética del artista: una estructura ovoide, a medio camino entre una máquina renacentista y una ciudad flotante, desciende sobre un mar de tejados. Es el encuentro entre lo arcaico y lo imposible, entre aquello que reconocemos y aquello que nos supera.

Tony Rodriguez no pinta paisajes, sino estados de vigilia. Su técnica rigurosa, en diálogo con la gran tradición surrealista, se une a una sensibilidad profundamente contemporánea y universal. Sus obras nos invitan a habitar la irrealidad, a perdernos en los detalles y a aceptar que el infinito —en su pintura— siempre puede ser contenido en una forma frágil, sostenida idealmente en la palma de una mano. ■

Imagenes

COMPARTE, DALE ME GUSTA, REPITE

¡Nos gustaría saber tu opinión!

Comenta el artículo. Gracias