El orden dentro del caos

El orden dentro del caos

La pintura de Mallo y su equilibrio universal

La interpretación más generalizada sobre los seguidores del expresionismo abstracto padece de una confusión: se interpreta el gesto del artista como una acción descontrolada, emotiva y cargada de una violencia desmedida. Se emparenta esa fuerza del trazo con la mitológica idea -alimentada por la literatura y el cine- del artista demente, bohemio e irresponsable, refugiado en su genialidad para realizar acciones que no serían nada aceptadas sin el salvoconducto de su supuesta locura.
Nada se aleja más de la realidad que ese cliché. Ante los cuadros de Mario González Rodríguez «Mallo» (Melena del sur, 1987), lo primero que constatamos es que su gestualidad no es desbocada ni casual, al contrario, suele ser muy precisa en cuanto al contenido que trasmiten sus equilibradas composiciones.

Como en el centro de un huracán, sus cuadros aluden a la paradójica estabilidad que reside en el orden del universo, detrás de su aparente anarquía. La comunicación aquí prescinde de las palabras y se resume en el gesto vigoroso. ¿Cómo traducir al verbo un discurso no representacionalista, abstracto y alejado de toda literalidad?

Estamos ante un lenguaje no descriptivo que alude a percepciones, no a intentos de clarividencia por parte del espectador para saber «qué le dicen». El público sólo podrá comunicarse con esta obra si está abierto para recibir las emociones del artista, sus estados de ánimo, encarnados en sus trazos y armonías cromáticas. Por supuesto, hay un primer nivel de lectura, más elemental, que se limita al gusto por los concertados colores, la gracia de los trazos y demás valores decorativos de la obra, ese es el caso del comprador que elige un cuadro porque «le combina con el sofá», pero hay otro nivel de lectura, más profundo, al que podemos llegar si rasgamos la cortina de lo decorativo y nos adentramos en el mundo espiritual que Mallo nos propone.

Lo primero para llegar a su jardín oculto es dejar de buscar equivalentes en la vida real para cosas que pertenecen a un mundo intangible. Lo segundo es conocer las bases de estas formas de pintar, los orígenes del expresionismo abstracto y del action painting de Pollock, quien considera que sus pinturas son un testimonio de sus acciones, es decir, un documento que atestigua el proceso de confección de la obra.

Nuestro artista se basa en las experiencias de los pintores que enarbolaron el gesto como rebeldía pero traduce ese modo de pintar a sus propias emociones y pensamientos. La paleta va cambiando en dependencia de las sensaciones que persigue provocar, a veces se va a las atmósferas frías de los azules, en otros casos empasta el lienzo con texturas de una calidez infinita, con gamas que van de los ocres al rojo. Suelen haber, sobre todo en su serie Controversial, fondos tranquilos, casi planos, que sirven de escenario a los choques de gestos que impactan en el centro. Prima aquí la organización del espacio, las pinceladas en diagonal le hacen correr riesgos que en otras series no afrontaba; andaba antes por un camino más seguro, ahora no hay garantías, si uno de estos «sablazos» no cae en su lugar la estructura se rompe y la obra se cae.

Aquí es donde veo el verdadero virtuosismo del autor, en el hecho de dominar lo accidental, controlar que cada chorreado llegue exactamente hasta donde al cuadro le haga falta, sin pasarse, sin que este se vea superpuesto o manido. En la serie Controversial ocurren verdaderas batallas de trazos que se dirigen al centro del cuadro y allí estallan. Mallo nos está hablando aquí de precisión, de controlar las pinceladas más espontáneas, de rigor, de constancia y de entrega. Los cuadros personifican las contradicciones entre lo espontáneo y lo racional, lo racional está en la placidez de los fondos tranquilos y los estados emocionales fuertes están en los estallidos y los salpicados; esto es lo mismo que ocurre en aquel hermoso cuadro de David Hockney en el que la quietud de la piscina y el ambiente soleado y tranquilo contrasta con el estallido de agua, provocado por la caída de un bañista que no se ve. En el caso de Hockney el fenómeno se da en el campo de lo figurativo, aquí esa misma polaridad ocurre en el campo de la abstracción.

La abstracción, que en otras ocasiones ya he considerado como el único lenguaje pictórico en el que el artista es verdaderamente libre, permite a Mario González construir un mundo ideal, equilibrado, perfecto y polisémico. Sus influencias más cercanas -cada día menos visibles a causa del desarrollo de su personalidad- van desde el mexicano Fayad Jamís hasta los cubanos Rigoberto Mena y Jorge Luís Santos. Si nos basamos en la ya notable madurez de su obra podemos decir, sin temor a equivocarnos, que su pintura es una de las más representativas del arte abstracto cubano de estos tiempos.

Por: ÁNGEL ALONSO

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