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Durero como Ave Fénix en la obra de Eduardo Santana

Durero como Ave Fénix en la obra de Eduardo Santana

Otro modo de ver la apropiación

Desde sus más radicales posiciones, los abanderados de la apropiación pretendían desmitificar la condición de genio atribuida a los grandes maestros, intentaban dinamitar los conceptos tradicionales del arte y sus funciones; citando una obra anterior para crear una nueva cuestionaban el valor de la originalidad, pero esta actitud está muy distante de la de Eduardo Santana (La Habana, Cuba, 1966), pintor cubano que se ha apropiado de la obra de Durero con humildad y respeto.

Este es un modo de practicar la apropiación que en vez de cuestionar la originalidad lo que hace es rendirle homenaje. Porque el arte, por mucho que se cuestione, siempre será arte y no otra cosa. Toda aquella resistencia posmoderna al estilo, a la autoría, a la perpetuidad de la creación… todos aquellos irreverentes cuadros sin firmar, construidos con materiales perecederos, toda aquella actitud radical que se materializaba (o inmaterializaba) en la ausencia de marcos y la abundancia de tachuelas en las paredes de las galerías, ha quedado relegada al recuerdo de una infantil y utópica revolución; vale observar en la actualidad la obra de aquellos mismos artistas y veremos que, hasta el más puro, incorporó al sacrosanto mercado aunque sea una foto de su performance, contradiciendo hasta la médula, su primigenia rebeldía.

No obstante a esto, Santana no se hubiese atrevido a hacer esta obra de no haber existido un movimiento apropiacionista, fue precisamente aquél utópico intento quien le proporcionó la posibilidad de hacer una apropiación igual a aquella en forma pero diferente en cuanto a contenido, ya que a través de sus versiones de Durero pudo crear una obra propia en la que no traiciona por un segundo al maestro, no se niega ni se critica su grandeza. En primer plano se nota el goce de reproducir el virtuosismo del renacentista alemán, luego viene la re-contextualización, es decir, la intención de crear un discurso actual con imágenes del pasado.

El autor confiesa que la intención de hacer este trabajo viene desde su infancia, cuando copiaba los grabados de Durero con admiración, sin más sentido que el placer de hacerlo, sin pretensiones de llamarle Arte, que es como debería hacerse el arte siempre. Porque ningún artista con gran currículum y fama, con seguidores, admiradores, responsable de un discurso y una imagen pública, puede regresar a la pureza de cuando pintaba sin pretensión alguna. Este artista conserva algo de esa pureza porque, aunque difunde su trabajo como cualquier otro, y aunque desee un humano reconocimiento a su rigurosa labor, coloca siempre en primer plano el placer de la realización, la plenitud del momento en que ejecuta la obra dedicándole cuantiosas horas de trabajo.

Santana es un ejemplo de la firmeza, rara en nuestros tiempos, que debería tener todo creador. No imagino a Durero dedicando numerosas horas al día en un ordenador para capturar una beca, ni redactando extensos y fríos textos en un proyecto para convencer a un curador sobre los valores de su poética, ni lamiendo las botas de un importante crítico para que lo promueva en éste o aquel evento; la entrega a su obra no le hubiera dejado, sus grabados y pintura delatan laboriosidad intensa, horas y horas de paciencia. Esta seriedad es la que personifica Santana cuando lo reencarna para trasladarlo al trópico, sustituyendo la estela flotante donde aparece el título de su grabado “Melancolía” (uno de los que componen sus “Estampas maestras”) por un mapa de Cuba, haciendo alusión a una muy conocida canción del cantautor cubano Silvio Rodríguez, admirable texto que ilustra la idea de la permanencia infinita del recuerdo:

“Oh melancolía, señora del tiempo,
beso que retorna como el mar.”

El acto de reproducir a Durero va más allá de la búsqueda de un resultado, es un acto espiritual, como el de un pintor de Íconos cuando ayuna mientras pinta, entregado a una práctica religiosa, siguiendo patrones que no podría traicionar por un impulso de afirmación personal o un intento de ser original, sagrada anulación del ego y de las ganas de recibir medallas.

Esta no es toda la obra de Santana, conocemos sus incursiones en la fotografía y el Arte Digital, sus cuadros abstractos recogidos en el libro “La abstracción en la pintura cubana” de Luis García Peraza, como también sus pinturas figurativas de carácter expresionista, en otro momento de su carrera. Esta es una zona de su obra en la cual renuncia a sus anteriores experiencias artísticas para vivir una totalmente diferente, nueva para él y para sus espectadores. Se baja el autor de la cómoda silla del creador instintivo e individual, del llamado estilo propio, para aventurarse en una aparente subordinación al pasado que tiene más de contemporáneo de lo que parece a simple vista. Porque el Arte no es solo forma, el contenido de la obra puede leerse también a partir de la información que tengamos de ella, en este caso estamos ante un Durero del siglo XXI, un Durero que renace como Ave Fénix en un momento histórico y en una zona geográfica donde no habría imaginado existir.

Por: Ángel Alonso

Kiosco

2 comentarios en “Durero como Ave Fénix en la obra de Eduardo Santana

  1. Una Gran Felicitación al Artista Eduardo Santana, me ha dejado perplejo con este artículo y como siempre, gratamente sorprendido. Un fuerte abrazo mi hermano, ¡tengo tanto que aprender de Ti!

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