tania moreno

Tania Moreno

Cantando te cuento

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Por: Ángel Alonso

La niñez, esa etapa tan importante en la formación de un ser humano, es quizás la más dura de la vida. Durante la infancia no podemos decidir a donde vamos, trabajamos arduamente todo el tiempo para comprender lo que los adultos dan por sentado, no comprendemos las reglas del juego ni la razón que pueda haber detrás de este u otro regaño. Atravesamos constantemente ciclos complejos, dolorosos física y psicológicamente. Mudamos dientes, tropezamos a cada instante -en todos los sentidos-, no podemos movernos solos, estamos a expensas de las decisiones de los adultos y somos potencialmente víctimas de cualquier tipo de abuso.

Cada niño o niña, por grande que sea su suerte, está atravesando un período de aprendizaje difícil, no importa cuan funcional sea su familia ni las facilidades económicas que tengan para complacerle, no importa cuan buenos profesores tenga, la niñez es considerablemente dura para todos y no solamente para Oliver Twist.

El arte dirigido a los niños no suele tener en cuenta estas complejidades. Siguiendo una tradición que ignora lo difícil de esta etapa, continúan reproduciéndose en el terreno de la literatura, de la canción, en los programas de televisión, productos para consumo infantil que fracasan por la superficialidad con que se afrontan. También ocurre en la animación y en el cine, aunque con menos frecuencia, pues en estas vertientes, por un interés más comercial que cultural, encontramos discursos que solo en parte están destinados a los niños (se persigue que los padres no se aburran cuando llevan a sus hijos al cine).
Ante un arte tan paternalista y masticado los niños responden ignorándolo y prestando oídos entonces a aquellas canciones o historias que están destinadas a los adultos. Dirigen su atención a las telenovelas, a las películas de acción, a la música comercial, que por lo menos les resultan más atractivas y no les aburren. La causa fundamental de este fenómeno es la subestimación de la capacidad de los niños para asimilar un producto artístico que consideramos les sería ininteligible.

La cantautora Tania Moreno (Matanzas, 1968) dialoga con los niños manteniendo un respeto hacia ellos, por eso es que prestan atención a sus canciones y les gustan. No se trata de textos complejos que los niños y las niñas no puedan entender, su lenguaje es apropiado y sencillo, pero al mismo tiempo aborda ideas que encarnan las problemáticas de la niñez, como lo demuestra su canción “Maribel”, en la que un niño insiste en volver a casa de su amiga al día siguiente, diciendo que para jugar, cuando en realidad lo que le interesa es su beso de despedida.

Ayer jugamos, Maribel
yo quisiera que hoy también
porque qué bueno fue hacer
el avioncito de papel
y aquel barco sin timonel
que por el mapa desplacé
ayer.
Pero lo que más me gustó, Maribel
fue tu besito cuando terminé ayer…
…jugamos, Maribel,
dime si juegas hoy
también.

En sus conciertos de Cadaqués, Cambrils, el pequeño poblado de Lliurona y muchos otros llevados a cabo en Cataluña, la receptividad de los niños ha demostrado su capacidad de comunicación. El de 2015 en el Centre Cívic Coterxeres Borrell (Barcelona), fue el comienzo de una serie de presentaciones que ha realizado utilizando imágenes proyectadas en una pantalla a manera de escenografía. Estos vídeos con los que sincroniza sus canciones, lejos de ser una fría ilustración de sus textos, enriquecen su discurso y aportan nuevas lecturas a su obra.
Cuando narra una historia en que una vaca y un toro se enamoran, por ejemplo, aparecen en pantalla el más sintético toro de Picasso y una vaca pintada por Matisse. Para mayor atrevimiento contra una esperada literalidad, la vaca de la canción se llama “Mulata” mientras que la de Matisse es de muchos colores. Suelen también proyectarse imágenes abstractas que algunos consideran, en su pensamiento conservador, incapaces de apreciar por un niño.

Un arte para niños no puede realizarse subestimando sus capacidades. Asumimos que un niño no sería capaz de disfrutar de una imagen abstracta, pero esto no es verdad porque los niños suelen realizar imágenes abstractas. Las hacen sobre todo en la primera infancia, y no porque intenten hacer algo figurativo que no consigan sino porque lo que buscan es dejar su impronta, sentir como reacciona el material que manipulan, ver la huella que deja un creyón en un papel.

No es tampoco cierto que los niños no puedan disfrutar de una pintura basada en representaciones sígnicas, pues ellos mismos ejecutan signos. El niño sabe que un círculo amarillo rodeado de líneas no es la forma real del sol sino el esquema que le han enseñado para representarlo, también conoce que la casa donde vive no tiene un techo simétrico a dos aguas con chimenea ni una puerta siempre central con dos ventanas, una a cada lado. Es muy posible entonces que puedan reconocer, primero que muchos adultos, el dibujo más sintético de la serie “Metamorfosis de un toro” de Picasso sin ver antes los otros más realistas.

Por supuesto, no se trata de que sometamos a nuestros hijos a las complejidades de un arte dirigido a los adultos, pero este arte para niños ha de hacerse respetando sus capacidades, sus sentidos aún no viciados y ese desplazamiento natural que poseen entre su mente consciente (en formación) y su mente subconsciente, cuyas fronteras aún se mantienen saludablemente difusas.

Anteriormente a este reciente trabajo Tania realizó conciertos en Madrid y en otras zonas de España y recientemente ha hecho una gira por La Habana, Matanzas y Santa Clara, tres ciudades de Cuba, su país natal, donde fue recibida con mucho éxito. En el más grande de estos conciertos, realizado en el Centro Hispanoamericano de Cultura, se presentó junto a importantes cantautores cubanos como Kelvis Ochoa, Rochy Ameneiro, Raúl Torres, Yaíma Orozco y se hizo acompañar del excelente guitarrista Nan Sam Fong.

Las letras de las canciones de Tania han sido valoradas por diversas publicaciones. Uno de los especialistas cubanos más sagaces, Joaquín Borges-Triana, ha dicho que es “sin la menor discusión una de nuestras grandes trovadoras y quien en cada una de sus interpretaciones, con su hermosa voz, nos invita a soñar.” En ese mismo artículo (http://www.juventudrebelde.cu/columnas/los-que-sonamos/2016-09-07/a-sonar/) el crítico recuerda “un disco libro publicado por Linkgua Ediciones S.L., hermoso proyecto que viera la luz en Barcelona gracias al ingente trabajo de Radamés Molina Montes, Jorge Luís Mata y Marco Hernández”. El disco, del año 2005, se realizó bajo la producción musical de Tino di Giraldo y la producción ejecutiva de Carmen Lázaro).

Tania titula sus conciertos “Cantando te cuento”, porque en estos espectáculos además de cantar narra historias, no solo propias sino de otros autores, como la de “El gigante Tragaceibas” de Juan Abreu, libro que ha convertido en una obra de teatro musical. Y no solo compone para niños, también tiene un interesante repertorio para adultos.

Actualmente trabaja en un nuevo proyecto que consiste en musicalizar los poemas de la escultora Elisa Arimany. Por primera vez escucharemos a Tania cantar en catalán, ya que estos poemas fueron escritos originalmente en esta lengua y cada obra creada es más auténtica cuando se interpreta en su idioma original.

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