angel alonso subproductos del arte

SUBPRODUCTOS DEL ARTE

angel alonso subproductos del arte

SUBPRODUCTOS DEL ARTE

 

angel-alonso-web12Más allá de que, por asociación, reconozcamos ciertas representaciones como kitsch, no es la apariencia externa lo que delimita su estado, sino su falta de autenticidad, su artificialidad, su inferioridad con respecto a un modelo ya existente, su condición de imitación barata.

Un objeto de yeso policromado o una flor plástica brillante no tienen por qué ser necesariamente productos kitsch. Es lógico que los registremos como tal por la popularización de adornos de yeso imitativos de sus modelos en porcelana (la imagen de Buda, por ejemplo) y el uso frecuente del plástico para imitar las flores naturales, pero una auténtica obra de arte también puede ser elaborada con estos u otros materiales.

Existe otro kitsch más solapado, menos reconocible. Un vídeo arte puede ser más kitsch que una telenovela, una película “de autor”¨ más que otra “de entretenimiento”; en un producto utilitario artesanal puede haber más creatividad y autenticidad que en un óleo sobre lienzo; y en el lenguaje del cómic, medio despreciado por el arte “culto”, encontramos a veces más creatividad que en las más solemnes esculturas.

El kitsch no consiste en un terreno de la creación ni en una forma determinada de representar, es más bien el producto que se hace pasar por arte sin serlo, sirviendo a lo que Theodor Adorno llamaba “la industria cultural”. Y si el mismo es servil al control de esta industria, dado a la imitación en vez de a la creación, entonces no podrán llamarnos conservadores al manifestar que no es arte, sino su opuesto, pues no obedece a la libertad sino a los intereses, a las ventas, al encargo y al poder del dinero.

Esto sin olvidar —eso sí lo demostró la perspectiva postmoderna— que al menos una parte de todos nosotros es kitsch, y en toda obra de arte hay, por tanto, un porciento de la sensiblería que lo caracteriza; no pudiera ser de otro modo en nuestras sociedades actuales, permeadas de productos y actitudes miméticas. Es únicamente en el terreno del arte donde esperamos encontrar su opuesto: un campo de libertad donde impere la creación en vez de la simulación y la hipocresía, un espacio de espiritualidad y autenticidad. Esto es, al menos, lo que suponemos que estamos buscando cuando vamos a un museo, a una bienal, a una exposición o a un festival de cine.

Y cuando lo encontramos, entonces tenemos la sensación de estar enriqueciéndonos y sentimos que nos comunicamos a un nivel muy especial con la persona que nos conmovió a través de su obra, y sabemos que esa persona entregó algo valioso ahí, incluso cuando tal pieza haya sido realizada bajo un contrato.

angel-alonso-web2Aunque muchas importantes obras de arte han sido dispuestas por encargo, lo cierto es que, en tales casos, el artista ha ido más allá del compromiso asumido; a veces ha entrado en abierta contradicción con quienes han ordenado las obras, en otras ocasiones ha encontrado una cautelosa manera de subvertir los

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