ISRAEL ELEJALDE

Teatro Kamikaze

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Nos encontramos a las puertas del Pavón Teatro Kamikaze con Miguel del Arco, al que saludamos. Mientras se interesa por nuestra presencia y le informamos sobre la cita con Israel Elejalde, acude el jefe de prensa, Pablo Giraldo, recién incorporado al equipo. No me cansaré de poner de relevancia el modo en que los Kamikazes atienden tanto al público como a la prensa, con interés y cercanía. Acaban por hacer que nos sintamos parte de su proyecto, adoptados por su familia artística.
Tras una justificada y entretenida espera, Israel sale a recibirnos y nos acompaña escaleras arriba hasta la luminosa sala de prensa, en la que destaca la pared lateral, que conserva el fresco floreado con fondo ocre. Nos acomodamos en un sofá y pongo entrambos la grabadora…

Por: María José Cortés Robles

“El teatro de vanguardia es fundamental, porque es la punta de lanza que va abriendo y va provocando que el teatro popular avance hacia adelante. “ 

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Israel Elejalde Foto: Carlos Nuñez de Arenas

MJ- ¿Agotado?
I- Bueno… Hoy he podido descansar, dentro de lo que cabe… Pero no me quejo…
MJ- Acabáis de regresar de París…
I- Sí… De representar La Clausura del Amor, escrita y dirigida por Pascal Rambert, que ha querido hacer una función en su teatro, T2G - Téâtre de Gennevilliers, junto con otra obra suya, Répétition. De diecisiete versiones de La Clausura, ha elegido la nuestra.
MJ- ¿Qué diferencia al público francés del español?
I- Yo creo que el público francés es bastante diferente del público español, porque tienen una tradición distinta y unas estructuras teatrales muchísimo más acertadas que las nuestras. Hay de todo, evidentemente, las generalizaciones siempre son un problema. Pero es verdad que percibo que el público francés, en general, es un público con una actitud intelectual más activa. Eso también se ve en el teatro del siglo XVII. Hay mucho discurso en el teatro de Moliere, a pesar de que las estructuras puedan ser de comedias fáciles. Por ejemplo, Misántropo es una comedia muy extraña donde hay un discurso intelectual tremendo. Es verdad que Calderón es más profundo, pero si comparas Misántropo con obras como las de Lope, en las obras españolas hay una tendencia a ir hacia la acción e intentar meter el discurso de una manera mucho más solapada. Los franceses disfrutan el debate intelectual sin que haya acción, detienen la acción. Eso es algo que ha crecido con ellos. No hay que tirarles la carne para que muerdan, tienen más capacidad de espera. Y no digo que sea mejor o peor público, digo que es así. Nuestros actores y dramaturgos son diferentes, porque nosotros mismos somos diferentes. Una de las cosas que más alaban en Francia de nuestro cine, de nuestras dramaturgias, del trabajo de nuestros actores, es precisamente que somos mucho más pasionales, es decir, que vamos directamente al hueso. Yo admiro esa capacidad de espera del público francés, con el que puedes fluir un poco más lento. Ellos nos valoran precisamente por eso contrario que tenemos. De hecho, nuestra versión de Clausura es mucho más rápida, fuerte y pasional que la francesa. El público con el que hablamos en París, así nos lo dijo.
MJ- Entonces… ¿qué crees que apetece el público español?
I- Bueno, creo que hemos crecido mucho, que el público ha cambiado mucho. Voy a hablar del teatro, voy a dejar el cine a un lado… En el teatro creo que hemos cambiado la forma de “hacer” que había. Nos hemos abierto, tenemos más capacidad de investigación. Tenemos un catálogo más grande con el que seducir al público. El público también ha empezado a aprender otras formas de teatro y no demanda exactamente lo mismo siempre, es más abierto y flexible. Creo que estamos en un buen momento para dar un salto hacia delante.
MJ- ¿Y de dónde crees que debe partir ese cambio? ¿De los artistas? ¿Del público?
I- Creo que es responsabilidad de los artistas, de los productores, de la prensa, de los críticos. Creo que es nuestra responsabilidad, de todas las personas que de alguna manera estamos vinculadas en el proceso creativo del arte en general, en este caso del teatro. El público finalmente es un receptor que probablemente seguirá demandando después más de lo nuevo, pero la responsabilidad creo que es nuestra.
MJ- En el proyecto del Pavón Teatro Kamikaze, ¿os habéis planteado fomentar el diálogo con el público?
I- Para nosotros es fundamental el diálogo con el público, la creación de un público lo más amplio posible. No solo por llegar a todo el mundo para tener éxito – que, evidentemente, lo necesitamos, porque somos una empresa privada y tenemos que resistir y mantenernos- sino también por una cuestión de creencia, precisamente. Yo he defendido y defiendo el teatro popular, que no tiene que ver con lo populachero. Tiene que ver con ese sueño del teatro shakesperiano. Shakespeare para mí es el paradigma de eso. Crea una obra como Hamlet donde hay una enorme carga filosófica -donde hay una definición del alma humana, del enfrentamiento del ser humano con la muerte, de la banalidad de la existencia misma- que, al mismo tiempo, está trufada de escenas como la de los enterradores, que es una escena de clowns. Hamlet parte de un monólogo como el “ser o no ser”, que es pura filosofía; y enlaza con la escena del convento que es una escena pasional, pero en la que se lanzan también un montón de sentencias filosóficas. Y, en otros momentos, empieza a hacer chascarrillos, Hamlet se convierte en bufón para divertir al público… Shakespeare lo mezcla todo porque quiere llegar a todos los estratos de la población. Entre su público se mezclaban los reyes y los nobles con el pueblo llano. Sabe que a ese público hay que divertirle, pero a la vez le está inoculando un montón de conceptos fundamentales. A veces uno se pregunta cómo pudo esa obra, que dura cinco horas, tener un éxito tan enorme. Porque Shakespeare lo sabía hacer muy bien, porque sabía conjugar un montón de cosas. Y yo creo que esa es una labor fundamental. También el teatro de vanguardia es fundamental, porque es la punta de lanza que va abriendo y va provocando que ese teatro popular avance hacia adelante. Cuanto mejor sea el teatro popular, mejor será el nivel medio de la cultura teatral del país, y el salto entre la vanguardia y el teatro popular no será tan enorme, no quedará fracturado, como ha pasado durante demasiado tiempo en España, donde el teatro de vanguardia era para una élite mínima, estaba apartado y coexistía con un teatro no ya popular, sino populachero. Y en medio no había nada. Entonces estábamos totalmente fracturados: la élite y los demás. Cuando vas a Inglaterra, cuando vas a Francia, cuando vas a Alemania no te encuentras eso, sino una cadena mucho más unida. Thomas Ostermeier, hace teatro popular, pero está muy cerca del teatro de vanguardia. Es muy clásico en sus dramaturgias, está haciendo teatro normal, lo que pasa es que lo renueva para intentar adecuarlo a los nuevos espectadores, y utiliza elementos que él ha visto en la vanguardia o que intenta también investigar. En este país esos vínculos se rompieron, pero ahora creo que se empiezan a unir otra vez. Empieza a aparecer una vanguardia que, por primera vez, es reconocida por el gran público. Angélica Lidell, por ejemplo. Eso es bueno, hace veinte años no hubiera ocurrido nunca.

María José Cortes Robles Israel Elejalde Foto Carlos Nuñez de Arenas
María José Cortes Robles
Israel Elejalde
Foto Carlos Nuñez de Arenas

MJ- La obra de Jordi Casanovas, Idiota, es aparentemente una obra para el gran público…
I- Sí, esa era nuestra idea… Juntar en la programación una obra como Idiota, que es aparentemente sencilla pero que encierra muchos enigmas, con otra como La Clausura del Amor, que es casi performance, teatro poético, conceptual… Que ambas puedan convivir en nuestra programación, con la esperanza de que en una misma temporada el público pueda ver toda una panoplia de diferentes formas de hacer teatro. A lo mejor consigues que veinte o treinta de los que han venido a ver Idiota puedan disfrutar también con La Clausura del Amor. Hay que ampliar el catálogo para conseguir que eso sea normal.
MJ- Centrándonos ahora en los textos que has seleccionado como director, ¿qué te interesa del thriller como para reincidir?
I- Me apasiona el thriller. Disfruto mucho con una película de Godard, con Los vengadores de Jorge Willer. Me encanta David Fisher, Zodiac es una película que me fascina. Hay algo en el thriller que me parece brutalmente divertido. Creo que es muy cercano a la vida, porque tiene que ver con la incertidumbre constante, con el no saber colocar las cosas, con la realidad. Me gustan esos ambientes densos que el thriller provoca, esa cosa oscura como descripción de una realidad… El terror me interesa menos. En literatura disfruto de Hammett, Poe, Lovecraft… Me interesan mucho esos mundos extraños, otros mundos por encima de los nuestros, que nos controlan. Ese miedo atávico me divierte. Me divierto mucho viéndolo y por eso me gusta hacerlo.
MJ- Otra coincidencia que se ha dado con respecto a las dos obras que has dirigido hasta ahora es que los dos autores son catalanes. ¿Es casual?
I- Absolutamente. Yo no miro el DNI a ningún artista. Me molesta profundamente esto que está pasando en algunos momentos, tanto allí como aquí. Mirar el DNI me parece un atraso cultural enorme. Es una casualidad… Es más, tengo otro texto en la cabeza y también es catalán. Pero es que me han llegado esos textos… Además, fíjate, cuando yo empecé en esta profesión creo que había una brecha cultural muy grande, Barcelona estaba muy por delante de Madrid. Allá por los años noventa, Barcelona era un referente para nosotros, porque aquí creo que hacíamos mucho peor teatro. Pero ahora no lo creo, creo que Madrid ha pegado un salto brutal a todos los niveles y, en concreto, dramatúrgicamente. Soy un admirador de Lucía Carballal, de Antonio Rojano, de José Padilla, de Alberto Conejero, de Carolina África Martín… Hay un montón de autores maravillosos, y allí también. Ha sido una casualidad el encontrarme con obras que tienen que ver con esos mundos que me gustan, que me han seducido, y que estén escritas por autores catalanes, Jordi Casanovas y Josep Maria Benet i Jornet. Hay una función de Josep María Miró que me fascina, también, y estoy dándole vueltas para montarla, y es de otro catalán. Espero que venga uno de Jaén para que no me acusen de nada… (Risas) Pero me da igual, tampoco es que me importe… Pues como si llegan tres irlandeses o tres de Japón.
MJ- ¿Te planteas la dirección cinematográfica como una meta de futuro?
I- No…
MJ- Se aprecia en tus montajes que el cine te interesa, que has bebido de esa fuente… Has citado durante la entrevista cineastas con los que disfrutas mucho…
I- Sí… Me gusta mucho el cine y claro que me ha marcado mucho el cine, pero no me definiría como cinéfilo… Me gusta lo que tiene que ver con el cine. De todas maneras yo he sido muy de comic, y el comic tiene también algo de cine, por el encuadre y todo eso… Desde luego lo que nunca seré es director de cine. Porque cada vez que voy a un rodaje y veo lo que hacen los directores… digo: “¡Vamos, es que ni muerto, ni muerto!” ¡Me parece tal lío, es un sitio de un nivel!… No, no… Soy muy de teatro. El teatro tiene una cosa de casa, de artesano… Todo está bajo tu control, los tiempos de espera son distintos que en cine, tienes tiempo para reflexionar. En cine llega un momento en que vas haciendo cosas porque no hay tiempo, vas solucionando problemas. Al final queda un momento de reflexión, cuando tienes grabada toda la película, y te dices: “Bueno, y ahora a ver cómo monto esto…” Y ahí sí… Pero, no, director de cine, seguro que no. Dirigiré teatro de vez en cuando y seguiré como actor.
MJ- Y, como actor, después de protagonizar Misántropo, Hamlet… ¿Qué personaje espera en tu corazón y te gustaría encarnar antes que cualquier otro?
I- La verdad es que he tenido mucha suerte, porque casi todos los que he soñado los he hecho. De los que soñé, me queda Segismundo, que creo que se me va a escapar… Se te escapan, a veces, por edad, y otros se te acercan, claro… Rey Lear… Sé que en algún momento de mi vida soñaré hacer Rey Lear. Pero ahora mismo está tan lejos, afortunadamente (Risas). Me gusta mucho el Duque de Ferrara, de Castigo sin Venganza. Personajes ya que son mayores… Y después se me han quedado en el tintero otros personajes más pequeños. Como uno de los hijos de Muerte de un Viajante, que ya se me ha pasado, pero me fascinaría también… Ya empiezo a pensar en los personajes de cincuenta o cincuenta y tantos… Ricardo III, es otro a los que me gustaría hincarle el diente… Brick se me escapó, de La Gata sobre el Tejado de Zinc… La verdad es que tengo una formación bastante clásica… ¡Ah!, y Arturo Ui de Bertolt Brecht. Ese sí, creo que algún día lo puedo hacer, entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco tengo tiempo todavía.
MJ- ¿Qué nuevos proyectos tienes? ¿En qué andas ahora mismo metido, aparte de todas las funciones que hay que programar aquí en el Pavón Kamikaze…?
I- Que ya es bastante…
MJ- Las entrevistas…
I- Este año tengo mucho que hacer aquí: Misántropo, Hamlet, La Clausura del Amor y La Función por hacer. A finales de abril vamos al Centro Dramático Nacional con Refugio, que es un texto original de Miguel del Arco, dirigido por él. La verdad es que estoy muy contento con ese trabajo… Pergeñando montones de cosas para el año que viene… Y, ahora mismo, grabando una cosa muy pequeñita para una TV movie, haciendo de Valle Inclán… Mira, por cierto, ese algún día lo haré: Don Juan Manuel Montenegro, de Romance de Lobos.

ISRAEL ELEJALDE

Doy por finalizada la entrevista, teniendo en cuenta la media hora transcurrida y la apretada agenda de mi entrevistado. Me doy cuenta de que ambos nos hemos centrado en sus labores como hombre de teatro, dejando sus otros trabajos en el cine y en la televisión al margen. Será debido al entusiasmo que impregna la sala de prensa, al empeño contagioso de llevar a buen puerto esta nave que acaba de zarpar, el Pavón Teatro Kamikaze. Seamos el viento que la impulsa.


Israel Elejalde es un actor con una amplia trayectoria en teatro, cine y televisión. Fue galardonado con el premio Ojo Crítico de RNE en el año 2004. Ha trabajado con directores de teatro tan importantes como Eduardo Vasco, Alex Rigola, Helena Pimenta, Gerardo Vera, Jose Luís Gómez, Carlos Aladro, Ernesto Caballero, Pascal Rambert o el propio Miguel del Arco. Con este último ha protagonizado montajes como La función por hacer, Misántropo o Hamlet. Fue nominado a los Premios Goya 2015 como actor revelación por la película Magical Girl, dirigida por Carlos Vermut. Ha participado en series de televisión de gran éxito como Águila Roja, Amar en Tiempos Revueltos o Los Misterios de Laura. En su faceta de director de teatro, cuenta con dos montajes hasta ahora: Sótano, de Josep Maria Benet i Jornet e Idiota, de Jordi Casanovas. Como hombre de teatro completo, también se involucra en la producción, formando parte de Kamikaze Producciones junto a Miguel del Arco, Aitor Tejada y Jordi Buxó. El último, más arriesgado y más hermoso proyecto de esta productora tiene nombre propio: Pavón Teatro Kamikaze.

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