Estamos con Ada

Estamos con Ada

Ada González, nuestra Giselle en la Ópera Nacional de Bucarest.

Estamos con Ada González, una de esas joyas que no han tenido la posibilidad de brillar en su país para suerte de la Ópera Nacional de Bucarest que no ha dudado en incorporarla a su ballet como bailarina solista.

Nos recibe en un descanso del ensayo de Giselle, en cuya obra toma el papel de primera bailarina haciendo el personaje de Giselle y que para que cuando salga esta entrevista ya habrá estrenado.
Hola Ada, gracias por dedicarnos tu tiempo de descanso para que sepamos un poco más de ti. Como tampoco tienes demasiado, vamos directos a las preguntas.

Empezaste a bailar con 4 años, y fue a raíz de conocer a los que serían tus maestros Roser Muñoz y Joan Boix cuando tenías 12 que sentiste que el ballet era tu vida. A tus 22 años, ¿sientes que has dejado de vivir cosas importantes de la vida por dedicarte en cuerpo y alma al ballet?

A la que entras en este mundo y ves todo lo que se puede conseguir, que siempre hay algo nuevo que aprender, te encuentras con un desafío al que escoges encararte cada día. Es una elección. El trabajo duro y la dedicación no nacen del sacrificio, nacen de la pasión.

¿Qué encuentras en el ballet clásico que no te dé la danza contemporánea?

-No hay solo un estilo de danza contemporánea. Se llama así a todo lo que se ha creado en los últimos tiempos. Yo no me siento a gusto sólo con ciertos estilos de danza contemporánea, quizá los más abstractos. Lo que me gusta es transmitir y vivir emociones, y si la obra me lo permite porque cuenta una historia o tiene un mensaje, la disfrutaré en cualquier estilo. Por ejemplo, en el English National Ballet, Akram Khan ha estrenado su Giselle, una versión contemporánea con música totalmente distinta a la clásica, pero la misma historia, la misma esencia, y me encanta.

De los grandes nombres del ballet clásico, bailarines y maestros con los que has tenido oportunidad de trabajar ¿hay alguno que te haya hecho cambiar tus sensaciones con el ballet?

-Todos los artistas con los que he trabajado han aportado algo a mi carrera y han sido una fuente de inspiración. Debo mencionar otra vez a Roser, a quien tengo presente cada día, y si me hicieras escoger, diría que Alina Cojocaru y Marianela Núñez son dos bailarinas a las que admiro y nunca dejan de sorprendernos a todos.

En el 2011 ganaste el Certamen Internacional de Danza Ciutat de Barcelona, entonces eras una niña. ¿Qué sentiste en ese momento?

-Competí en muchas ocasiones, y creo que sentí que había alcanzado mi mayor logro, porque fue la única vez que gané un primer premio, aunque eso fue una reacción inmadura. A los dieciséis años sientes que lo más importante es tu periodo de formación, como si al graduarte todo fuera a ser fácil y estuvieras lista para todo, pero con el tiempo te das cuenta de que la evolución es constante, que las metas no son finales, sino pasos. Encantarse por un premio o por conseguir un papel cuando ya eres profesional, puede ser negativo porque te puedes creer que ya no necesitas trabajar más, porque tu trabajo ha sido recompensado. Pero siempre podrás trabajar más duro que el día anterior, y conseguir mejores resultados que el día anterior. Una de las frustraciones más grandes de los bailarines es que estamos intentando alcanzar la perfección cuando es inalcanzable.

El jurado de ese Certamen presidido por Julio Bocca, te invita desde hace años como ganadora y artista internacional a bailar en la Gala del acto de entrega de premios. Cuando ves a los participantes que están dónde estuviste tú ¿qué sientes?

-Es inspirador ver las ganas con las que salen al escenario, el apoyo que se dan entre ellos, porque luego entras en una compañía y actuar puede convertirse en algo rutinario y quizás no lo aprecias lo suficiente. Pero para esos chicos y chicas es una oportunidad única, y te hacen ver con otros ojos el hecho de que tú sales al escenario dos veces por semana y creas momentos únicos dentro de un espectáculo.

¿Fue duro emocionalmente para ti tener que dejar a tu familia, tus amigos/as en Barcelona cuando te llamaron del Teatrul de Balet Sibiu, la primera compañía con la que trabajaste en Rumanía?

-Parecerá insensible, pero no. Claro que despedirse fue un momento duro, pero tenía tantas ganas de empezar mi vida como profesional, y realmente he pasado tantas horas concentrada en el ballet que ni me he dado cuenta de que estoy en otro país. Sobre todo en Sibiu, al ser una compañía pequeña, los bailarines pasaron a ser mi familia, conocí a mi pareja e hice grandes amistades, nunca me sentí sola. Y ahora en Bucarest he tenido la suerte de encontrar a gente en quien apoyarme y que confían en mí, y lo aprecio mucho porque el ballet es un mundo muy competitivo.

En el Teatrul de Balet Sibiu fuiste primera bailarina en Giselle, El Quijote, El Lago de los Cisnes, La Bella Durmiente, Anna Karenina, La Fille Mal Gardée, además de otras piezas neo-clásicas y contemporáneas. ¿En cuál de esos papeles te has sentido más identificada?

-Lo que más he oído es que mi papel es Giselle, y me alegra que la gente lo crea, porque le tengo mucho cariño. Fue mi primer rol principal, y siento que me conecta con Roser, porque también fue uno de sus mejores roles. Giselle trata de un amor que supera la muerte, un amor que conoce la felicidad, la traición y el perdón, y siempre he sido una romántica así que siento una gran parte de mí en ella, además de que me ha dado la libertad de vivir la historia de manera distinta cada vez. También le tengo especial cariño al personaje de Kitri de Don Quijote, porque fue siempre mi ballet favorito siendo niña y nunca creí que llegaría a bailarlo. Siempre he sido más lírica, más princesita, y Quijote es un ballet explosivo lleno de fuerza, así que fue un momento muy emocionante cuando me dieron la oportunidad de interpretarlo, y me muero de ganas de volver a hacerlo.

-Pero sinceramente, cada vez que he terminado un espectáculo he sentido que lo que he bailado había sido mi papel favorito. Salgo al escenario a disfrutar y a emocionar al público, a vivir estas historias que no pasan en la realidad, y cuando termino siento que ese ha sido el momento más feliz de mi vida.

¿Te ha sido fácil siendo tan joven incorporarte a una compañía de danza tan importante como la Ópera Nacional de Bucarest con bailarinas mucho mayores que tú y con mucha más experiencia?

-No lo fue y sigue sin serlo. Hay mucha más presión, más expectativas, más competencia

Ada González Fachada Ópera Nacional de Bucarest
Ada González Fachada Ópera Nacional de Bucarest

Tuve la oportunidad de verte en Giselle la primera vez que lo hiciste y me hiciste llorar contigo. Aunque también me lo hiciste pasar muy bien en La Fille Mal Gardée... He aprendido que la bailarina perfecta además de tener una técnica impecable ha de interpretar el personaje. ¿De dónde nace esa actriz que llevas dentro tan capaz de crear el personaje que interpreta? Porque eso no te lo ha enseñado nadie, ¿verdad?

-La misma persona que hizo que me enamorara del ballet, fue la primera en demostrarme todo lo que el ballet era capaz de transmitir. Roser es la raíz de mi inspiración, y aunque creo que quizá se nace con ello, también pienso que es algo que desarrollas con la experiencia y la madurez. Para mí empezó en ella, pero durante toda mi carrera he ido viendo bailarinas que despertaban algo nuevo en mí, maestros que me han ayudado a sacarlo fuera, y experiencia personal que te ayuda a identificarte con lo que vives en el escenario. Es lo bonito del ballet, ser capaz de transmitirle al público todo tipo de emociones.
El año pasado fuiste invitada por la organización de IBStage – International Ballet Summer School a bailar en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, tu ciudad. ¿Qué ha significado esto para tí?
-Fue un gran honor, sentí que volvía a casa por la puerta grande. Estaré siempre agradecida a la organización de IBStage por la oportunidad de bailar en el escenario del Liceu, donde es una pena que no se represente ballet más a menudo, y también de hacerlo al lado de estrellas del ballet como lo eran todos los que participaron en esas galas. Fue verdaderamente un sueño.

Este mes de febrero has bailado en Palma de Mallorca, Alcoy y Murcia, que me acuerde ahora. Además de Rumanía ¿en qué otros escenarios has sido invitada? ¿Viajas mucho con tus puntas en la maleta?

-La verdad es que he viajado en varias ocasiones siendo invitada aunque todo ha sido a través de contactos hechos en Rumanía, pero me gusta el hecho de que mi trabajo me dé la oportunidad de viajar y ver otros escenarios y otras compañías. Esta última gira por España la hice invitada por los Ballets de France, que ya me había invitado en otra ocasión a bailar en París; la Ópera de Plovdiv en Bulgaria me invitó a bailar Giselle el invierno pasado; y he bailado en Italia con giras que hice con el Teatrul de Balet Sibiu, además de todos las actuaciones que hicimos dentro del país. Es difícil compaginar estos “guests” con la vida en la compañía porque siempre se están preparando espectáculos, pero es muy agradable cuando consigues organizarte y puedes desconectar un poco del estrés del día a día.

“La gente tiende a decir que se sacrifica mucho al dedicarse al ballet, pero realmente no creo que sacrificara nada.”

¿Qué sueños tiene Ada, mujer y persona? Que sean confesables en esta charla, claro.

-Estoy viviendo mi sueño pudiendo estar rodeada de ballet, danzar y bailar cada día. Como mujer, quiero ser madre. Como persona, deseo que a todo el mundo se le tratara por igual.

La Ada mujer está supeditada a la Ada bailarina? o ¿La Ada bailarina está supeditada a la Ada mujer?

-No sería mujer sin ser bailarina, y no sería bailarina sin ser mujer. Muchas gracias Ada, para nosotros es una suerte haber podido compartir este rato contigo y nos gustaría tener la oportunidad de poder volver a vernos a ver si se obra el milagro y es en Barcelona y ponernos al día de tu actividad artística.

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