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El espejo humano de Pablo H.

El espejo humano de Pablo H.

El espejo humano de Pablo H.

Por: Ángel Alonso

Un occidental con corbata y apariencia de hombre de negocios, confortablemente sentado, fuma bajo una máscara precolombina mientras un duende verde viaja en un avión de papel; Roxanne, harta de la luz roja, cambia de cabeza. Antifaces y noches estrelladas entretejen un clima de artificios que hubiese encantado a George Méliès. 

Es la obra de Pablo H. (Pablo J. Hernández, La Habana, 1961), en ella encontramos arlequines enmascarados, personajes que asumen superficialmente a otras culturas, tomando de ellas únicamente la apariencia, la cáscara, el disfraz, de ahí las poses y el color carnavalesco. Crea este autor una representación bufonesca de la realidad en que vivimos, lo grotesco le sirve para ridiculizar la generalizada actitud de movernos por el camino de las apariencias. Si estos personajes se desnudaran desaparecerían, porque han puesto tanta atención en lo externo que se han olvidado de las esencias y no les queda nada bajo sus trajes coloridos. Algunos conservan una especie de fe, sienten amor y se salvan, los otros mueren sin haber vivido. 

Nuestras acciones pueden ser impulsadas por el amor o por el miedo. Cuando actuamos desde el sentimiento amoroso lo hacemos en paz y con sosiego, pero cuando actuamos desde el temor corremos el riesgo de volvernos violentos como el perro que se nos abalanza, cuya cólera es una muestra de su aprensión. 

Sabemos que la desconfianza hacia lo que se nos presenta como nuevo, desconocido y diferente, es una de las principales causas del miedo y este, a su vez, engendra violencia. Ese fenómeno, presente en el mundo animal, necesario en otros tiempos como impulso para sobrevivir, lo arrastramos y reproducimos hasta nuestros días, y a pesar de repetir continuamente que debemos escuchar al otro, entender las posiciones políticas contrarias, respetar las ideologías y religiones diferentes a las nuestras… lo cierto es que nos aferramos con fuerza a lo que creemos, juzgamos como errada cualquier posición contraria y olvidamos que somos todos parte una unidad, aquella que los Herméticos llamaban «El Todo» y que celebra Whitman en Canto a mí mismo cuando dice “cada átomo mío también te pertenece”. 

Bajo estos presupuestos, parodiando nuestra constante actitud de juzgar al otro, Pablo H. construye una muy particular figuración que contiene, bien procesados y posiblemente sin plena cognición, elementos formales heredados de Rousseau “El Aduanero” (esa ingenuidad no tan ingenua como aparenta), la Transvanguardia italiana (su eclecticismo), el Bad painting y el dibujo infantil. 

A menudo, nos presenta complejas composiciones habitadas por figuras -en ocasiones zoomorfas- que parecen actuar representando diversos personajes. Este carácter teatral se mantiene en todos los aspectos de su obra, apoyado también por el tipo de enmarcado que incorpora a sus cuadros, convirtiéndolos en instalaciones. El tipo de representación de las estrellas o el mar en los fondos posee un carácter escenográfico, simula telones para una puesta en escena, algo similar ocurre con las sillas, las cortinas, las cenefas que con frecuencia bordean las imágenes, se trata de elementos que remiten al teatro, al circo, al mundo del espectáculo. 

Realiza además, referencias a las representaciones antiguas, como ocurre con su cuadro “Balsero”, en el que el grotesco y reflectante personaje aparece interpretado con un carácter que recuerda a los santos de la iglesia católica, por los brazos dramáticamente abiertos y por la disposición del título centrado e incorporado al marco. Pero no todos sus personajes son grotescos, en cuadros como “Innana; the muse Nile” asoman figuras más amables, que pudieran incluso aparecer en ilustraciones de cuentos infantiles. Estamos ante obras que sugieren historias, que motivan al espectador a imaginar relatos. Son narrativas además de teatrales, por eso evocan imágenes literarias. 

Lo vernáculo ha sido una tradición en el arte cubano, ha estado presente desde Landaluce (nacido en Bilbao pero instalado en Cuba, donde desarrolló gran parte de su obra) hasta en las pinturas de Pedro Álvarez Castelló. 

Y en los tiempos en que Pablo H. comienza a pintar estaba muy presente la actitud de legitimar las formas kitsch como medio válido de expresión y de aceptar lo grotesco, lo feo, y hasta lo desagradable, como una forma efectiva de comunicar con el espectador. Esto, no sin cierto distanciamiento intelectual, por supuesto, ya que el artista siempre trata de salvar su condición de erudito, por más que incorpore recursos de carácter popular. Tales directrices estaban presentes en el trabajo de Flavio Garciandía, del grupo “Puré” y otros artistas cubanos que apostaban por la supuesta “mala forma” (algunos de ellos continúan el desafío), una mala forma paradójicamente colmada de belleza, de esa otra belleza que poseen cuadros como los de Pablo H. 

Aquí las figuras son condensadas, simplificadas y brillantes como las estrellas de “Viaje a la luna” de Méliès, quien sabía que las formas sencillas permiten el discurso complejo, que la comunicación es mucho más efectiva cuando eres sintético y no te distraes en alardes técnicos. Solo que aquel no conoció esta era maleable, elástica, de látex… y se limitó al papel plateado que, como chocolates, revestía sus naves espaciales. Los personajes de Pablo son de estos tiempos en que no queremos contaminarnos con el otro y nos aislamos tras un gran condón, tras una nueva escafandra de silicona; ese es el clima que emana de sus obras, tanto por el uso del color como por el tratamiento, todo parece reflejar un mundo de plástico en el que la luz del sol es sustituida por la de los reflectores de un escenario. 

Una de sus obras en la que el recurso teatral se hace más obvio es Fake president cuyo texto central identifica a Trump con un cerdo: “Donald Dump”. Es esta una de las piezas que mejor resume su propuesta: La abundancia de lo postizo en nuestros tiempos de Fake news, de fast food, de cibersexo, de una exagerada dependencia del mundo virtual, en el que parecemos haber confundido el entretenimiento con la felicidad. A través de su trayectoria, este artista ha obtenido diversos premios y reconocimientos, ha realizado 15 exposiciones personales y ha participado en más de 40 colectivas, suele definir su obra como un espejo humano en el que refleja su punto de vista sobre la multifacética realidad que nos rodea, esta pluralidad la concibe como diferentes expresiones de una misma esencia, algo que ya nos habían advertido desde el Kybalión , sabiduría presente en pensadores de la talla de Lao Tse y muchos otros maestros. A concientizar estas enseñanzas, todavía no interiorizadas, nos ayuda la obra de Pablo H.

El espejo humano de Pablo H.
Dualidad Oleo sobre lienzo 31,5 x 48 pulgadas 2017

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