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Condición Humana

Condición Humana

Condición Humana

Por : Manuel Vallés Plasencia

“El ser es lo señalante” Heidegger

ESTE CUADRO SE TITULA LA CONDICIÓN HUMANA y es quizás, por ello, que el artista ha querido relacionar este título con un concepto, en cierta manera, litúrgico y por ende conceptual, considerando así esta obra como explícitamente abstracta. A partir de aquí, atendemos al concepto de que toda cultura tiende a metamorfosear y que por otro lado, esta circunstancia hace que sea normal encontrar relaciones entre signos que deriven hacia un contenido artístico, filosófico o, puramente científico, lo que provoca que surjan nuevas imágenes, que confieran un valor a ese esquema como marco empírico o fantasioso. Con esto quiero decir, que no basta con deambular por una u otra corriente categorial sin que exista un mínimo de roce entre sus partes. No, al menos, desde una indeseable representación tomista. En este sentido, muchos intelectuales actúan con la esperanza de un desarrollo futuro que, evidentemente, nunca llega. 

El monoteismo ha perdido su peso escatológico en nuestra sociedad.

Lo que hoy presentamos no es una huida, sino un proyectarse hacia adelante. No es parte de un desarrollo fractal con un devenir lógico, sino la consecuencia de pertenecer a un simbolismo eónico que se sabe que no tiene salida dentro de esa misma lógica. Hará falta, pues, algo más que la pura intuición, o la pura negación performática del acto temporal, tal y como hacen nuestros críticos más reaccionarios (que, además, son o pretenden ser los grandes paladines de nuestra modernidad) para consensuar algo coherente en este mundo de luces y sombras. Pero hagámonos, con ello, esta pregunta: si lo que se pretende es estructurar un saber o una investigación, ¿cuál es el desarrollo lógico de ese saber o de esa investigación? Aquí, el problema es que se ha pretendido y se sigue pretendiendo, vincular diferentes formas de conocimiento a una sola forma de expresión. Y, siempre, desde el descrédito. Como si este se retroalimentara en el caos iniciático. Un carro del que ir tirando cuyo conductor, en definitiva, es un impostor o un loco al volante.

El caso, es que hay pocos que vayan superando esa prueba o que, simplemente, resuelvan el problema desde el atajo y el ninguneo. Sin embargo, el ajustarse a la racionalidad para evitar lo imprevisto, no es la solución. Cuando un artista se relaciona con el mundo exterior sucede, exactamente, lo mismo. Por ende, el mundo de nuestros periodistas o nuestros políticos, es un mundo que se resuelve en poco o nada. Nuestra herencia oral, de pacto, grupal (conformado, normalmente, a base de una histeria corrompida y pseudoprimitiva), son algunas de las causas de ello. Y cuando alzamos, en ello, la vista se nos aparece el vacío. Nuestro horizonte ya no es unidireccional (ni, tampoco, demiúrgico). Nuestro monoteísmo no es tal, y no es que entremos de nuevo, así, en el politeísmo o el animismo, es que, simplemente, esa idea ha pasado a ser otra cosa. Ha perdido, en definitiva, su peso escatológico en nuestra sociedad. Y lo ha hecho, además, por consenso universal.

Y, ¿qué tendrá que ver la pintura con todo esto? Pues, mucho. Toda pintura, sea esta automática, abstracta, conceptual o figurativa, cumple una función. La nueva estética (la modernidad, la posmodernidad…) es solo un ápice, de todo ello. Aquí nos referimos, únicamente, a sus causas primeras y últimas y, también, a su cuerpo doctrinal. A todo eso, que hace que se muevan las cosas en una u otra dirección. Así, toda obra ha de estar protegida por un cuerpo doctrinal, que responda por ella, sea este de la naturaleza que sea. Como decía Alberto Cardín, al que tuve como profesor: “Reconociendo este hecho, se trata tan solo de firmar el aval (un texto mágico, lo que sea: runas, glifos, frases rituales que no se leen ni se entienden) para acompañar el acto social de la postración semirreligiosa de unos cuadros que valen por la voluntad de ser- y el reconocimiento social de este kunstwollen- y por lo que verdaderamente son o representan”. 

En esta pantalla formalista del arte (por decirlo de alguna manera), me gustaría que me situaran algún día. Como queriendo desdoblar la historia y, de paso, sus raíces imaginarias. 

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