Bellas ArtesEjemplar XXVJosé Pérez OlivaresPierre Rivero

A la Sunamita Abisag

A LA SUNAMITA ABISAG

Busquen a mi señor el rey una moza... LIBRO PRIMERO DE LOS REYES, 1.4

Bella sunamita, ya no soy un rey,

sólo un hombre al que el tiempo puso

su glacial corona.

Extraviado ahora en el reino de los años,

perdido para siempre en su eterna nevada,

te llamo para que calientes mis pobres

y cansados huesos.

 

Con tu calor

devuélveme algo de mi niñez,

un poco al menos de mi lejana adolescencia.

Que tu piel sea esta noche mi verdadero reino,

el único con que suele soñar un monarca.

Que tu aliento sea la frontera

entre pasado y presente,

invisible y deseada frontera

entre ayer y hoy.

 

Gentil y amada sunamita,

no soy más que un anciano que habla

y gesticula a solas,

patriarca vencido por el tiempo,

único enemigo real

que tarde o temprano derriba imperios

y vence a los monarcas.

 

Ya no me interesa reinar.

Detesto el oro y el poder.

Con estas manos temblorosas

de qué me sirve un trono,

con estos ojos borrosos

de qué me vale el esplendor de la luz.

Yo sólo quiero, aunque sea por una noche,

reinar en tu cuerpo.

 

Dulce e inolvidable muchacha

inmortalizada por ofrecerme su calor,

no temas:

nada puedo hacerte.

Y nada puedes darme

que no sea la humana calidez

de tu cuerpo desnudo,

tu febril y anhelante respiración

junto a mi oreja,

y permitirme soñar.

Soñar que sigo siendo aquel muchacho

que tañía la cítara

en los valles de Israel.

Por: José Pérez Olivares

Fotografía:

Museo

Kiosco

Ejemplar impreso

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