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Música pintada

Música pintada

La simbiosis entre las diferentes disciplinas artísticas siempre ha dado excelentes resultados. La divina comedia, El quijote, Gargantúa y Pantagruel, por ejemplo, son grandes obras literarias ya de por sí, clásicos de la literatura universal, pero si las encuentras ilustradas por Gustave Doré, entonces el libro se convierte en una auténtica joya, la obra literaria tiene otro valor añadido. Esto mismo lo podríamos extrapolar a la danza, al teatro, al cine y a la música. Y hasta a la publicidad: aún podemos ver en la televisión un anuncio de cierta marca de coches en el que se reproducen obras de Van Gogh, Mondrian, Hopper y Vermeer. En el caso de la danza, el teatro o el cine, conocidos pintores han colaborado diseñando los carteles, los decorados y hasta el vestuario de estas producciones. Un ejemplo bastante significativo es toda la cartelería que salió de las manos y la mirada incisiva de Toulouse Lautrec para el Moulin Rouge y otros establecimientos parisinos de la época. Eduardo Arroyo, ese grande de la figuración española, el hombre que «mató a Duchamp» en el lienzo, fue otro de esos pintores que dejó la impronta de su talento en varias escenografías, tanto para la ópera como para el teatro, y, alguna que otra vez, hasta diseñó el vestuario de alguna de las obras. En la música las carátulas de los discos llevan la firma de significativos artistas, ya fueran estos pintores, diseñadores gráficos o fotógrafos. ¿Quién no tiene viva aún en la retina la icónica portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, creada por Jann Haworth y Peter Blake para los Beatles?

Sí, las artes se mezclan y se obtienen resultados asombrosos. Siguiendo esta pauta, Discoteca Records, una emergente firma discográfica, lanzó al mercado el pasado 26 abril en la sala Arteria, de Barcelona, el álbum recopilatorio Supermix. A priori pudiera parecer otra antología de éxitos de los años 80, un Megamix más, pero sus creadores le dieron una vuelta de tuerca al diseño general del disco dotándolo de carisma y de arte por los cuatro costados. Inteligentemente concebido con la estética de un cómic y teniendo la figura del superhéroe como protagonista (no podía ser de otra forma), es, a su vez, un recorrido por las salas de un museo en pequeño formato, un paseo altamente gratificante donde la carátula del disco original de las piezas seleccionadas y las obras plásticas convergen en acertada sinergia. Seis de estas obras fueron creadas especialmente para este proyecto, convirtiendo las letras de las canciones en metáforas visuales de las mismas. El resultado final ha sido un libreto de excelente factura y ecléctico en cuanto a estilos artísticos. Una exposición en pequeño formato donde se dan la mano diferentes técnicas y diferentes soportes pictóricos. Una inusitada galería donde encontraremos el delicioso toque naif del chileno Fabaries Vásquez en un óleo sobre tela titulado La caída de Custer ilustrando la canción General Custer de Swan; el estilo Manga del sensual dibujo Difícil prestar atención del argentino Ariel Díaz (ADZ) haciendo corpórea, tangible, la Sexy Teacher de Check up Twins; el acrílico sobre lienzo, deudor del expresionismo figurativo: La Pareja o Los Amantes, del barcelonés Cristóbal Pintor para la pieza Valentino mon Amour de Alan Ross; otro acrílico, esta vez sobre madera, un místico y chamánico Mandril salido del imaginativo pincel del zaragozano Antonio Martínez Lozano, dándole vida a la canción homónima: Mandril de Patrick Colby; el hiperrealista dibujo realizado con bolígrafo Bic de tinta negra, hijo del talento de la bielorrusa Yula Ivanovna: La mano que lo ve todo para el tema Don’t cry de Ken Laszlo y, por último, el surrealismo de Enraizado, dibujo a tinta sobre cartulina del cubano Ovidio Moré para Don’t wake me up de J. D. Jaber. Como pueden apreciar, múltiples estilos y múltiples nacionalidades, una heterogénea mezcla, como en una metafórica torre de Babel, pero hermanados, paradójicamente, por un lenguaje común, el del arte, todo para dar a luz al primer Megamix ilustrado, tal como reseñan sus creadores. Tras todo este trabajo, casi orfebraico, lleno de color y de pasión por la música, están: Rafa Carmona como creador y realizador del proyecto; Tony Postigo en la realización del Megamix; Quim Quer en su remastering; Pedro Morales como productor ejecutivo y Joaquín Docampo en el apartado gráfico.

Es de destacar, en la presentación del CD en la sala Arteria, la performance llevada a cabo por uno de los artistas participantes, el ya mencionado Antonio Martínez Lozano. Antonio, dentro de su proyecto Arte con Alma y con la ayuda de Janaví Feito, ejerciendo como lienzo vivo, y de Samuel González Falo (Sam&kora) en la ejecución musical (kora y percusión), realizó un excelente ejercicio de bodypainting y de pintura en movimiento, que hizo las delicias de los espectadores.

Las reproducciones de las obras, a las que hemos hecho referencia, fueron expuestas, en gran formato, en las paredes de la sala durante el lanzamiento del CD.

El disco, además, es un merecido homenaje a la creatividad y el talento de los Deejays, esos artistas que durante varias décadas nos han hecho (y nos hacen) disfrutar en las pistas de baile para que le demos alegría al cuerpo de la misma manera que el arte se lo da al espíritu, y, como no, un homenaje (recuerden que las mezclas aquí juegan un importantísimo papel) también a la cultura de las tribus de los nativos americanos, a los que se hace referencia tanto al principio como al final del libreto, cerrando el mismo en un perfecto uróboro.

Un disco altamente recomendable donde la música, como decía al principio refiriéndome a la literatura, ya siendo buena, gana un valor añadido con las obras plásticas que la convierten en «música pintada».

Por: Osvaldo Moreno

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