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Bellas Artes

El umbral entre mundos

La atemporalidad y el Mictlán en la pintura de Sal Moreno

Sobre la muestra del artista en el MEAM de Barcelona, del 9 al 23 de octubre de 2026.

Por: Redacción

ARTÍCULO. (Versión digital)

La exposición de Sal Moreno se despliega como un viaje sensorial que trasciende el tiempo y el espacio. Invita al espectador a cruzar un umbral que conecta la vida y la muerte, lo visible y lo invisible, lo terrenal y aquello que se encuentra más allá. La técnica al temple y el dominio del claroscuro permiten que las figuras adquieran una cualidad casi evanescente, evocando un tiempo suspendido, ajeno a una cronología concreta.

En este universo, la muerte no constituye un final, sino una continuidad: el paso hacia otra dimensión de la existencia. Esta idea se hace especialmente visible en imágenes como Transición, donde el cuerpo aparece suspendido entre dos espacios, entre la luz y la oscuridad, entre lo que parece ser un arriba y un abajo. Las velas, el agua y la forma circular que se abre sobre la figura construyen un espacio liminal, un lugar de paso en el que las fronteras entre los mundos parecen diluirse.

Esta atmósfera atemporal se enriquece con el simbolismo del Mictlán, el inframundo de la cosmovisión mexica, concebido como un territorio de tránsito en el que los muertos debían atravesar distintos niveles y sortear diversos obstáculos hasta alcanzar su destino final. El viaje, por tanto, no se plantea como una ruptura definitiva, sino como un proceso de transformación. La presencia de cuerpos, esqueletos, animales y elementos naturales participa de esta concepción de una existencia en constante tránsito, en la que vida, muerte y transformación forman parte de un mismo ciclo.

La dimensión circular adquiere también un papel significativo. En obras como Urbanxauhqui, la composición cerrada y envolvente reúne en un mismo espacio el cuerpo humano, la muerte, la naturaleza y diferentes elementos simbólicos. La figura parece quedar contenida en un universo propio, donde las fronteras entre lo humano y lo animal, entre lo vivo y lo muerto, se vuelven permeables. La circularidad sugiere así un tiempo que no avanza de manera lineal, sino que retorna, se transforma y vuelve a comenzar.

En este contexto, las dos facetas creativas de Salvador Moreno —como artista plástico y cantante de La Castañeda y su proyecto solista Sal Moreno— convergen en una misma narrativa. Cada pintura y cada letra de sus canciones pueden leerse como portales, como distintas etapas de un viaje simbólico a través del Mictlán. Las imágenes y las letras no representan únicamente un lugar o un momento determinado, sino que pueden leerse como estados intermedios de cambio y transformación. 

La exposición se convierte así en un ritual de paso que vincula la cosmovisión mexicana con una reflexión contemporánea sobre la existencia, la memoria, la muerte y la trascendencia. El espectador se convierte, a su vez, en viajero. Al recorrer la exposición, atraviesa simbólicamente esos distintos umbrales y se enfrenta a las diversas dimensiones de la existencia y de la memoria. Cada obra propone una experiencia de tránsito: una invitación a detenerse ante aquello que separa y, al mismo tiempo, conecta mundos aparentemente opuestos. 

Así, el umbral que propone Sal Moreno no es solamente el que conduce de la vida a la muerte. Es también el espacio intermedio donde ambas dimensiones se encuentran y se transforman mutuamente. Un lugar suspendido en el tiempo en el que el cuerpo, la memoria y el símbolo emprenden juntos un mismo viaje hacia lo desconocido.

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