Exposición colectiva en la Biblioteca S. Vives Casajuana
(Sant Vicenç de Castellet).
Del 23 de octubre al 15 de noviembre.
«La creatividad es el poder de conectar lo aparentemente desconectado».
William Plomer
Por: Ángel Alonso
Esta exposición refleja un encuentro profundamente significativo: un diálogo estético entre artistas profesionales y personas con diversas afectaciones funcionales e intelectuales que, sin buscar reconocimiento, despliegan su creatividad con autenticidad. Son estos últimos, usuarios de Catalònia Fundació Creactiva, los verdaderos protagonistas de esta muestra.
La experiencia provoca un interés mayor al colocarlos en un mismo espacio de enunciación visual. Se trata, no tanto de una muestra, sino de una ruptura: una interrupción del relato tradicional del arte, que ha delimitado históricamente las fronteras entre lo genial y lo patológico, entre lo que se considera arte legítimo y lo que se cataloga como mera expresión.
Desde sus orígenes, el arte ha intentado encarnar los más profundos sentimientos humanos, aquellos que escapan al lenguaje, que duelen, que abruman y desconciertan. En este sentido, ha sido un refugio y, al mismo tiempo, una trinchera desde la cual se han canalizado aquellas experiencias que la sociedad ha tendido a reprimir, a marginar o a patologizar.
Esta capacidad del arte para abrazar la complejidad humana lo ha convertido, a lo largo de la historia, en un espacio privilegiado para que hablen aquellas voces que el discurso hegemónico ha preferido no escuchar. Como señala el filósofo Theodor Adorno, el arte verdadero es aquel que «no se reconcilia» con el mundo tal como es, sino que lleva en sí mismo una promesa de lo que podría ser. De ahí que, en su núcleo más profundo, esta exposición transita también por una dimensión ética: da forma a lo excluido, lo marginal, lo silenciado.
Inspirada en la experiencia de Jorge Luis Legrá como monitor en Catalònia Fundació Creactiva, esta iniciativa encuentra su génesis en el asombro que produce la producción estética de los usuarios de esta institución; verdaderas obras de arte que bien pudieran haber sido realizadas por artistas que la sociedad calificaría de profesionales. A pesar de su formación académica en historia del arte, Legrá reconoce en el proceso de su experiencia una especie de inversión del saber: ya no es el profesional quien guía, sino que es guiado. Como afirmaba Gilles Deleuze, «el arte no es la comunicación de un contenido, sino la producción de una afectación». Y es precisamente eso lo que emerge en estos talleres: afectos, intensidades, formas que desbordan el marco de lo inteligible y lo esperado.
La tradición occidental ha oscilado entre el rechazo y la fascinación por lo irracional como fuente de creación. Desde Platón, quien veía en el delirio divino la semilla de toda inspiración artística, hasta Antonin Artaud, quien defendía el acto creativo como una forma de resistencia frente a la lógica del poder, el vínculo entre trastorno y creación ha sido tan persistente como problemático.
Las obras surgidas en este contexto no pueden reducirse a categorías clínicas ni tampoco a simples actos terapéuticos. Son manifestaciones plenas de carácter estético. Revelan no solo una potencia expresiva autónoma, sino también una crítica implícita a las jerarquías impuestas por el sistema artístico contemporáneo. Estas creaciones miran desde otro punto de vista, donde el valor no reside en la técnica codificada sino en la intensidad del gesto, en la verdad de la experiencia.
En esta convivencia entre artistas que habitan lugares disímiles del campo cultural, se diluyen los límites entre lo académico y lo intuitivo, entre lo entrenado y lo espontáneo. Cada obra constituye un acto de resistencia simbólica frente a los discursos de exclusión, y a la vez, una celebración de lo singular. En este sentido, la exposición no pretende integrar lo marginal al centro, sino cuestionar la noción misma de centro.
Definiendo su experiencia, Legrá manifiesta: «La interacción con las personas que participan en este programa ha ampliado mi percepción del arte. Siendo cada día una fuente de ideas y propuestas plásticas, que desafían la visión normativa (y tradicional) del arte. Las obras que emergen de estas sesiones no sólo son una expresión de creatividad, sino también un reflejo de la lucha, la resiliencia y la belleza del ser humano frente a la adversidad».
La exposición Ecos de la mente logra desdibujar las fronteras que, históricamente, han separado la creación artística profesional de las producciones generadas por personas con diversidades funcionales e intelectuales. Su intención fundamental es promover un diálogo auténtico donde la valoración del arte no dependa de categorías preestablecidas ni de jerarquías institucionalizadas, sino que reconozca en cada acto creativo una expresión legítima y poderosa de la experiencia humana en toda su complejidad. Esta muestra se erige como un acto de resistencia y un llamado a la reconsideración del valor del arte en su dimensión más inclusiva y auténtica.
Agradecemos al equipo del área de creatividad, monitores Manel Tarascó, Nines Lafuente y Tania Fabregat, a la coordinadora Jana Agulló y a la Fundaciò Catalònia por el apoyo a este proyecto. ■
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