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Bellas Artes

El árbol del amor en Geometrías del amor

Por: Ángel Alonso

ARTÍCULO. (Versión digital)

Hay obras que no pueden describirse a fondo, las palabras les resultan insuficientes porque ninguna explicación les haría justicia; me refiero a aquellas que poseen resonancias místicas, que rebasan la posibilidad de ser evaluadas a través de patrones convencionales. Un ejemplo de esto lo encontramos en la potencia visual y conceptual que alcanza Lydia Arcos en su cuadro El Árbol del Amor. Este lienzo, integrado por amplios planos de color y referencias cabalísticas, se manifiesta como un mapa simbólico del alma en su anhelo de fusión y trascendencia.

En el centro del cuadro encontramos una figura ovoide que recuerda vagamente la forma de un cuerpo humano enmarcado en una geometría deliberada que alude al Árbol de la Vida cabalístico. Sin embargo, la artista lo resignifica bajo el término de Árbol del Amor, una aportación propia que parte de la astrología cabalista. En esta composición, el Árbol del Amor —concepto desarrollado por la artista desde la astrología cabalista— simboliza la unión de dos almas que se vinculan y se funden. Los dos circuitos de dentro simbolizan dos cartas astrales y en la intersección de ambas hay repetido el nombre de Dios de la fertilidad y la creatividad: CAF LAMED YUD. De esta manera, todo el esquema en su conjunto representa un solo cuerpo anímico en comunión.

Los caracteres hebreos que destacan con brillantez sobre el fondo oscuro y a través de toda la composición son claves esenciales para nuestras interpretaciones. En la parte superior del cuadro, dentro de una aureola solar-lunar que envuelve la figura vertical celeste, se inscribe un nombre divino. Esta tríada de letras puede interpretarse como una emanación espiritual que desciende sobre el mundo de las formas.

Desde el punto de vista formal, el cuadro evidencia una actitud estética irreverente que, sin abandonar su raíz simbólica, se vincula con algunas búsquedas plásticas de la Transvanguardia italiana, movimiento que en los años 80 reivindicó la figuración, el mito y la expresividad frente al conceptualismo frío.

Arcos emplea un colorido emotivo y cargado de simbolismo: el amarillo como oro espiritual y principio solar, el rosa como matriz de lo femenino, el verde como trasmutación entre lo terrestre y lo divino, y el azul como espacio cósmico. Esta combinación, junto con la gestualidad de la mancha y una cierta ingenuidad deliberada, remite a figuras como Francesco Clemente o Sandro Chia, cuyas obras recuperan lo onírico como sostén del ímpetu creativo. Pero la transvanguardia miraba hacia lo mitológico y lo histórico, mientras que Lydia, «la pintora de la Cábala», se interna en un campo esotérico, donde la pintura se convierte en un acto ritual de revelación interna.

La obra no pretende ser comprendida desde un punto de vista racional, sino más bien ser sentida, meditada, incluso recitada. Los nombres sagrados distribuidos por el lienzo se comportan como mantras visuales y los campos de color actúan como portales de percepción; la forma global puede ser entendida como un talismán.

La obra fue presentada en la exposición colectiva Geometrías del amor, una muestra muy heterogénea que tuvo lugar en la sala de exposiciones de NauArt, en Barcelona. En este contexto, y rodeada de muy interesantes artistas, El árbol del amor pudo establecer con el público una comunicación muy especial, porque no estamos ante una pintura convencional, sino ante un talismán psico-espiritual que rebasa las funciones comunes del arte. En una sociedad donde la creación artística a menudo se desvincula del sentido o se convierte en decoración, obras como esta nos recuerdan que aún es posible pintar desde el alma. ■

Árbol del amor. Acrílico sobre lienzo. 120 x 60 cm / 2025

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