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Bellas Artes

Tras el silencio del vidrio

Esculturas e instalaciones en la sala de vitrinas de La Bòbila / (Del 25 de noviembre al 19 de diciembre de 2025)

Por: Redacción

ARTÍCULO. (Versión digital)

Bellas Artes
Esculturas e instalaciones en la sala de vitrinas de La Bòbila
(Del 25 de noviembre al 19 de diciembre de 2025)

Por: Redacción

Tras el silencio del vidrio se presenta como una invitación a descubrir la obra tridimensional en un espacio de recogimiento y contemplación. Las vitrinas de la sala del Centro Cultural La Bòbila no solo resguardan las obras, sino que también transforman la manera en que las percibimos: cada volumen, cada textura y cada sombra se revela de manera sutil, casi íntima. La exposición propone así un diálogo entre lo visible y lo contenido, entre la tridimensionalidad de la forma y la transparencia del cristal, generando una experiencia en la que la poesía de la escultura se despliega en silencio ante la mirada del espectador.

Esta es la primera vez que la revista ARTEPOLI organiza una exposición de obras tridimensionales. Hasta este momento, solo habíamos realizado muestras en las que, con escasa presencia de la escultura, predominaba la pintura, la fotografía, el grabado, el videoarte y alguna instalación, bidimensional o con relieves, pero concebida para ser montada en una pared. En esta ocasión tuvimos en cuenta que las obras presentes fueran adecuadas a la magnífica sala de vitrinas del Centro Cultural La Bòbila.

He aquí un breve análisis de la obra presentada por cada artista:

Félix Ronda

Félix Ronda Rivero se caracteriza por su aguda inteligencia humorística; en esta pieza en específico, se remite a la tradición escultórica clásica para abordar su autorretrato desde la ironía. Concebido como cabeza monumental en pequeño formato, el artista se representa coronado con una guirnalda de laurel. Se trata de una invocación a la iconografía imperial romana. Sin embargo, la nobleza hierática de este tipo de representación se trastorna intencionalmente a partir de la carga lúdica que caracteriza a este creador, para quien el humor, lejos de ser frívolo, es una herramienta al mismo tiempo crítica y poética.

Las texturas irregulares acentúan las huellas del modelado y confieren a esta pieza un aire de reliquia, de hallazgo arqueológico. Fabricada con fibra de vidrio y resina, pero con la apariencia del bronce, el contraste entre el material imitado y el real pudiera leerse como una metáfora de nuestros tiempos, caracterizados por la simulación y naturalización del engaño (fake news, césped de plástico, filtros digitales embellecedores…).

Conceptualmente, el discurso se formula desde una elegante sátira sobre la falsedad de las representaciones heroicas de los poderosos. Desde un tipo de representación que históricamente encarna la idea de autoridad, Ronda subvierte este contenido y expande su fina ironía. De esa manera la pieza incita a la reflexión y contiene un guiño implícito: el artista se disfraza de César, pero su mirada baja y su boca contenida relativizan el poder de esa investidura.

Félix Ronda. Raíces. Fiberglass y yeso. 36 x 31 x 17 cm / 2022

José Gregorio Vaamondy

En esta instalación escultórica el modelado convive con una atmósfera lúdica y onírica. La pieza demuestra un meticuloso dominio del volumen; la cabeza ovoide, pintada con un cielo interrumpido por nubes que nos remiten a René Magritte, establece un poderoso contraste con los huevos marrones que la rodean, generando una base casi paisajística.

La silueta oscura del reptil introduce un contrapunto gráfico que sugiere múltiples lecturas, nos hace pensar en la memoria biológica, en el impulso vital. El resultado del conjunto de elementos es una escena de carácter surrealista, donde el inteligente uso de los recursos potencia la composición y aporta contenido al discurso. Vaamondy parece explorar la idea del rostro como portal, como superficie de la identidad que se expande hacia un territorio simbólico.

La Génesis opera como una conciliación entre lo terrestre y lo cósmico; vincula materia, sueño y origen, encarnando la potencia metafórica de lo híbrido.

José Gregorio Vaamondy. La Génesis. De la serie: Huevos cósmicos. Modelado en arcilla, vaciado en resina y yeso, pintado en acrílico. 35 x 50 x 50 cm / 2025

Jorge Luis Delgado Gutiérrez

La obra articula, de forma cruda y a la vez poética, la dureza de la vida cotidiana en Cuba. La vela se derrite sobre la dentadura como metáfora de un desgaste lento, bajo la presión de las necesidades más vitales. La cera, al cubrir los dientes, sugiere deterioro, y nos habla de esa anestesia forzada que surge cuando la escasez deviene en la norma cotidiana.

Lo performático añade sentido a la pieza: encerrada en una vitrina, la llama depende de un aire que ya no llega. El encierro convierte la combustión en un inútil acto predestinado a agotarse: la asfixia dramatiza el discurso. La muerte de la llama es aquí consecuencia inevitable de un sistema cerrado, que impide el funcionamiento natural de la vela. Al mismo tiempo que arde, el humo empaña el vidrio, creando bruma que impide al espectador la apreciación de la obra en su totalidad. Esa niebla, así como el calentamiento del vidrio, funciona como una metáfora visual del desgaste espiritual y material: la realidad se vuelve borrosa, sofocada desde adentro.

Jorge Luis Delgado Gutiérrez. Luz. Instalación con objetos y performance. 10 x 7 x 7,5 cm / 2025

Abelardo Molina

Con una habilidad y capacidad de síntesis poco común, Molina sintetiza aquí diversos materiales y formas para ofrecernos una intensa visión del pensamiento introspectivo. La obra presenta una estilizada figura que se cierra sobre sí misma mediante una postura tan curvada, tan libremente interpretada, que roza lo abstracto. La pose remite al gesto clásico del pensamiento profundo y alude a la obra más conocida de Rodin: El pensador.

La roca natural que corona su cabeza añade un peso literal y simbólico, enfatizando la carga emocional y mental del protagonista. El gesto acentúa la tensión del pensamiento y eleva la obra, trascendiendo la mera representación para entrar en el campo de lo expresivo.

La esfera de cerámica es el eje metafórico del discurso, el elemento que articula el conflicto del pensador. La elección de los materiales va más allá de lo estético y se eleva al plano simbólico: la oposición entre la madera pulida y la aspereza de la piedra, así como la brillantez de la cerámica, apuntan a un diálogo entre texturas que contrastan para encarnar diversas sensaciones, diversos significados. Estamos ante la tensión existente entre el pensamiento humano y la complejidad del universo circundante, al que intenta asimilar y entender.

Abelardo Molina. El pensador. Talla en madera preciosa con adición de piedra serpentina, esfera de cerámica craquelada y base de mármol. 30,4 x 10,1 x 10,1 cm / 2024

Rolando Paciel

Esta obra tiene vida propia, porque se trata de una estructura en constante mutación; se articula como un organismo vivo, orgánico, que recuerda el biomorfismo, aquel movimiento en el que las formas abstractas evocaban elementos de la naturaleza: plantas, células o seres vivos como los que descubrimos a través de un microscopio.

La pieza es de apariencia caótica pero —como la vida— mantiene un orden interno y nos hace reflexionar sobre las formas y su relación con el espacio. Es una obra tan efímera como resistente; su montaje varía en cada exhibición, porque sería inviable colocarla dos veces exactamente de la misma manera, y esa imposibilidad de repetirse es lo que la hace más interesante. Paciel nos propone una escultura abierta, que dialoga con el espacio en el que se inserta; juega con la temporalidad y el devenir, como en aquellas propuestas del arte procesual, en el que la acción era tan importante —o más— que el resultado. Esta obra no se cierra como un final feliz de una película antigua, sino que se reinventa constantemente. Estamos ante una estructura simbólica en la que se unen conceptos opuestos como lo frágil y lo sólido, como lo azaroso y lo seguro. Es una geometría no euclidiana; es una geometría del caos.

Montarla en una vitrina transforma la percepción de manera muy especial; la pieza se encapsula como un espécimen de laboratorio, como si fuese el modelo científico de una idea en expansión. La transparencia de la vitrina intensifica la tensión entre contener y expandir. La obra se comporta como una declaración estética de la impermanencia.

Rolando Paciel. Equilibrio espacial. Ensamble con madera, bambú. Dimensiones variables / 2024

Jorge Luis Legrá

La barca alargada y sostenida por una estructura que recuerda al aro de un anillo guarda coherencia con la práctica del artista como orfebre. Legrá ha expandido la escala de la joyería al terreno de la escultura, borrando las fronteras entre ambas disciplinas.

Las figuras humanas en escala diminuta, dispuestas en fila, evocan los desplazamientos migratorios: cuerpos que se enfrentan a un viaje que, al mismo tiempo que los salva, los desarraiga. El metal patinado sugiere el paso del tiempo y el desgaste. El conjunto posee un extraño dinamismo: la barca parece suspendida, presa del impulso de avanzar y al mismo tiempo detenida; encarna el instante previo a la partida. La mezcla de latón y cobre otorga a la pieza un carácter nostálgico, como si se tratase de un objeto antiguo.

Al ser expuesta en una vitrina, la embarcación deja de estar a la intemperie y se convierte en un viaje detenido para ser contemplado; la travesía se vuelve una reliquia y la supuesta salida, que nos anuncia el título, se congela, mientras que su eco emocional se ensancha.

Jorge Luis Legrá. La salida. Latón y cobre con base de madera. 32 x 23 x 8 cm / 2017

Kancis

La obra ensambla un instrumento de cuerdas y un rostro esquemático que evoca una máscara ritual. La superficie unifica elementos dispares como madera, engranajes, relojes antiguos… creando un organismo simbólico donde la música y la memoria se entrelazan con el paso del tiempo que encarnan los relojes. Los diales incrustados actúan como vestigios temporales: marcan la erosión, la acumulación y lo imposible de capturar un instante. Esta escultura se mueve entre lo antropomórfico y lo objetual, convirtiéndose en una especie de tótem que reflexiona sobre la persistencia material a través del paso del tiempo.

La vitrina la convierte en un fragmento preservado de un mundo que ya no existe: acentúa la cualidad arqueológica de la obra, reforzando la idea de que asistimos a un hallazgo valioso más que a una escultura. La pieza se manifiesta como una construcción poética, además de como un artefacto cargado de significado.

Kancis. La musa. Técnica mixta: Madera y yeso. 75 x 45 x 45 cm / 2024

Juan Antonio Martínez Tendero

El autor de la pieza nos dice: «La escultura titulada La noche de Artaud constituye una propuesta profundamente conceptual que dialoga con las ideas fundamentales del pensamiento y la obra de Artaud, uno de los referentes más radicales del arte y la filosofía del siglo XX. La pieza recurre a una síntesis de elementos formales —estructuras geométricas, un busto en miniatura, materiales contrastantes— para transmitir visualmente la tensión existencial, el encierro mental y el impulso espiritual que marcaron la vida del artista francés».

En el centro de la composición se encuentra una cabeza de bronce que representa a Antonin Artaud. La figura, pequeña y detallada, se encuentra contenida dentro de una estructura metálica rectangular que remite a la idea de un carring o transportín. Este contenedor, rígido, oscuro y anguloso, alude a los dispositivos de confinamiento, tanto físicos como simbólicos, que rodearon a Artaud durante su vida: la psiquiatría institucional, la incomprensión social, el rechazo a sus ideas artísticas y la lucha constante con su propia mente.

Juan Antonio Martínez Tendero. La noche de Artaud. Técnica mixta: Bronce, hierro y terciopelo. 46 x 46 x 40 cm / 2025

Juan Canals Carreras

Esta pieza es solo un fragmento de una instalación mucho más grande, formada por muchos coches semejantes. El autor de la instalación la concibe como «(…) metáfora de una época que duró décadas pero que fue desmantelada para crear otras realidades a partir de nuevas normativas».

Con este trabajo, Juan Canals sintetiza toda una era en vías de fosilización. El pequeño automóvil se presenta como un eco matérico de los coches de gasolina y de todo el sistema que los sostuvo durante tanto tiempo. En su tosquedad y erosión deliberada, la pieza subraya la fragilidad de los paradigmas tecnológicos y la manera en que el progreso convierte en reliquia aquello que una vez fue vital en la vida cotidiana.

Expuesta dentro de una vitrina, la pieza se convierte en un hallazgo arqueológico; el cristal introduce una distancia reverencial que invita al espectador a consumirla como un testimonio histórico. La vitrina intensifica la percepción de que se trata de un fósil contemporáneo. La obsolescencia de nuestras tecnologías protagoniza el discurso.

Juan Canals. Pieza de la instalación: Coches. Mortero de cal y pigmentos minerales. 3,5 x 10 x 4 cm / 2025

Fili Plaza

En la presente obra titulada Sueño, la escultora logra sumergirnos en una quietud que solo puede habitar en el umbral de la conciencia. La obra condensa una expresión de recogimiento que no es únicamente físico, sino profundamente espiritual. No es arbitraria la elección de la terracota; este medio aporta una calidez que intensifica el carácter orgánico de la pieza: su porosidad y color remiten al barro primordial del que, según varias mitologías, surgió la vida. El modelado es suave y delicado, recurso que afianza la idea de la fragilidad en la primera etapa de la vida; se resalta aquí la serenidad del bebé en su sueño. La artista nos hace pensar en el acto de soñar en los inicios de la vida y antes de conocer la palabra, esto imprime una dimensión espiritual y misteriosa a la pieza.

Es una escultura en la que no hay artificio; todo en Sueño respira una esencia verdadera. El viaje interior del sujeto, ajeno al mundo visible, resulta sagrado. Aquí no se idealiza la infancia, más bien aparece como una evocación de un estado de gracia. La obra apela a una experiencia universal, retrata un momento mágico de la vida que todos hemos transitado.

En la vitrina, esta obra adquiere otra capa de lectura; porque el aislamiento del vidrio aporta silencio. El cristal aleja al bebé de la posibilidad del tacto y evita cualquier ruido que pudiera despertarle. El sueño se transforma en un tesoro que se puede mirar, pero no tocar.

Fili Plaza. El sueño. Terracota (pieza única). 12 x 14 x 16 cm / 2020

Claudio Florentini

La vanidad de la literatura establece una tensión poética entre un libro y un espejo que, más allá de reflejar, actúa como un interlocutor. Las páginas abiertas fluyen ante la mirada del espectador, insinuando un dinamismo interno, una vitalidad de la palabra impresa que se fuga de su condición material para convertirse en conocimiento.

En la base del espejo reposan recortes de texto que nos provocan diversas interrogantes. ¿Se trata acaso del discurso desmembrado tras la lectura? El título enriquece la interpretación, al mismo tiempo que nos hace transitar por un camino más seguro. El libro (como símbolo del saber) y el espejo (como representación del yo que se observa) convergen en esta pieza para cuestionar la vanidad, la fragilidad del sentido y la relatividad del conocimiento. La literatura se ve sometida a su propio reflejo, porque más allá de su aspiración a trascender, está condicionada por los modos en que la interpretamos.

Al encerrarse en una vitrina, la obra adquiere un aura de documento protegido. El espectador ya no es un lector potencial, sino un observador frente a dos objetos que dialogan. La literatura se convierte entonces en un monumento a su propia fragilidad. La fragmentación textual, la quietud de las páginas abiertas y el espejo de tocador sostienen una atmósfera de contemplación muy diferente a cuando la pieza se expone en un espacio sin barreras.

Claudio Florentini. La vanidad de la literatura. Objetos intervenidos. Dimensiones variables / 2022

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