Entrevista a Valle Hidalgo, autora de “Dulcinea toma la palabra”

Valle Hidalgo 

La idea de escribir esta obra, nació hace algo más de una década, cuando se aproximaba la celebración del IV Centenario de la publicación del Quijote, en 2005. Una persona de la Editorial Everest para quien estaba trabajando en animación a la lectura, me sugirió que escribiera algo con temática quijotesca, para la ocasión. En aquel momento, me planteé que, sobre quien realmente me gustaría escribir algo, era sobre Dulcinea. Además, mi línea de trabajo, como autora y actriz, suele ser la de escribir personajes, en los cuales después poder “enfundarme”. Así había sido hasta aquella fecha, en obras como: “Agua con limón” (1994) “Amortes” (1996) “Por arte de Birlibirloque” (1996) “La eterna enamorada” (1997)“Mis juguetes en el desván” (1999) “El Disfraz” (2002) y el cortometraje “El Matutero” (2001). Y  después, en los cortometrajes: “El último veraneo” (2005)y “¿Cuánto falta? (2007) y las obras de teatro “La perfecta maltratada” (2008) “El sapo Travieso” (2012) y la que ahora nos ocupa “Dulcinea toma la palabra” (2014)En aquel momento, no se pudo llevar a cabo este proyecto, por diversos motivos. Pero la idea de escribir algo sobre Dulcinea, no me abandonaba. Por el contrario, cada vez tenía más claro, que quería dar mi punto de vista sobre este personaje mítico. Como todos los símbolos que adquieren importancia en una cultura, el de Dulcinea, opera de alguna manera como modelo de pensamiento y de conducta. Y en este caso concreto, de múltiples formas, debido a la ambigüedad con la que está construido: Por un lado, es un personaje doblemente ficticio, ya que nace de la imaginación de otro, que lo es a su vez, como protagonista de una obra de ficción. Es dual, por mantener la doble personalidad de Dulcinea y Aldonza. Y lo que para mi, era más importante: es un personaje al que no se permite expresarse por si mismo y solo tenemos noticias de ella, a través de otros personajes. En definitiva, un tema muy jugoso para reflexionar sobre él.

Algo que marcó definitivamente el enfoque sobre esta obra, fue un trabajo que hice en 2005/2006 para el Ministerio de Sanidad y la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense, realizando varios reportajes, sobre un programa de formación de formadores en perspectiva de género. Lo que me sirvió para sistematizar mi visión sobre el género femenino y su representación en el arte y la literatura.

Solo faltaba, para completar el coctel, tener algo que transmitir a través de Dulcinea. Y en este punto, es donde el devenir de la vida, siempre se encarga de crear las situaciones, que permiten aflorar las emociones, con las que dar vida a lo que en principio solo es una intuición. Y esta conexión con Dulcinea, ocurrió para mi, en la segunda mitad del año 2012. Momento que aproveché para releer el Quijote y escribir de forma compulsiva diálogos desordenados.

En los primeros meses de 2014, Greivin Valverde, quien llevaba varios años, estudiando la posibilidad de programar mis obras en Costa Rica, me dijo que estaba en vías de abrir una sala de teatro en San José, que pretendía llamar Sala Quijote. Le comenté mi idea de escribir una obra sobre Dulcinea y acordamos inaugurar la sala, con el estreno de la obra. Entonces fue cuando me centré en dar forma a todos aquellos diálogos e ideas. Surgió la estructura, donde la función comienza

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