Por: Redacción
Esta obra pertenece al artista cubano recientemente fallecido Fernando Ruiz.
La figura sentada, delineada con trazos enérgicos y gruesos, estructuran el cuerpo con una economía de recursos muy efectiva. La paleta de colores es intensa y contrastante. Conceptualmente, este retrato va más allá de la representación física. En él se puede respirar una profunda meditación sobre la fragilidad humana y la proximidad de la muerte. La postura del retratado, con las piernas cruzadas y el rostro apenas definido, sugiere al mismo tiempo descanso y resignación. El artista parece haber volcado en esta pintura la conciencia de su propia finitud, creando un silencioso diálogo entre la vida y el momento de despedirse de ella. La energía del trazo contrasta con la quietud de la escena, generando así una tensión entre lo vital y lo efímero.
Este retrato no solo es una muestra del talento expresivo de Fernando Ruiz, sino también un testimonio conmovedor de cómo mantuvo su lucidez artística, incluso en el umbral de su muerte. La honestidad y la intensidad emocional fueron características de su madura y contundente obra. ■
Retrato de Rosabal. Pastel graso sobre cartulina. 37 x 24 cm / 2025
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