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Bellas Artes

El Divino Bedoya

Por: Juan Luis Morales Menocal

Francisco Bedoya (La Habana, 1959 – Madrid, 2002), graduado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana, fue uno de los principales miembros de la generación de los ochenta, la cual reivindicaba la misión artística del arquitecto en la Cuba de fines del siglo XX. Como otros miembros de ese grupo, sus primeras incursiones gráficas comenzaron en el curso de dibujo del profesor Pedro Gispert y dibujando las láminas de historia de arquitectura para los libros del profesor Roberto Segre.

Fue uno de mis mejores amigos, aun sin conocerlo, desde que me estremecí viendo sus dibujos de su proyecto de 4.º año de arquitectura en 1981. Aunque estaba un año por debajo de él, fui a buscarlo y la simpatía fue mutua e inmediata, para mí él siempre fue «Bedoya el Divino». 

Después de su graduación, colaboró en los proyectos del Jardín Botánico Nacional de La Habana, con los excelentes arquitectos y dibujantes Sergio Ferro y Luis Lapidus. En ese período le solicité que participase en equipo conmigo en varios proyectos para concursos de arquitectura, junto a Teresa Ayuso y Rosendo Mesías. Realizamos, entre estos proyectos, la renovación urbana del malecón habanero (1989) y el concurso del Centro comercial Las Américas de Varadero, en 1988. El más importante proyecto que realizó conmigo en equipo fue el concurso internacional para la concepción del Fórum de Congresos de Tokio (1989) que fue elegido entre los 20 finalistas. 

Con su infatigable capacidad de trabajo, Bedoya realizó también proyectos en solitario, como el proyecto de nueva sede de la Brigada Hermanos Saíz, y un concurso para un edificio de comercios y viviendas en las calles Reina y Águila, en Centro Habana, convocado por la Unión de Arquitectos de La Habana. Su talento creador se vio recompensado al obtener el primer premio, pero como en tantos concursos de Cuba, este edificio nunca fue construido.

Sin embargo, sus dibujos y proyectos se exhibieron en diversas exposiciones de arquitectura organizadas en la ciudad, como el Taller de ideas sobre el Malecón Habanero durante la III Bienal de La Habana (1989) y en la exposición Arquitectura joven cubana (1990) en el Centro de Artes Visuales de La Habana. También participó en la exposición Cuba construit en Bilbao, España (1991).

Su fuerte visión neoplatónica de la vida alimentaba una intensa necesidad de recrear en permanencia un mundo arquitectónico perfecto, una ciudad ideal en la que nos invitaba a habitar como experiencia filosófica y geométrica, donde el hombre se enriquecía a través de sus propias sensaciones.

Ante la imposibilidad de construir sus formidables proyectos, decidió desarrollar la pasión por un mundo ideal, a través de una serie de dibujos de ciencia ficción arquitectónica, donde se mezclaban de la manera más increíble innumerables fragmentos de arquitectura, desde la época medieval hasta la contemporánea, en una especie de naves espaciales futuristas. Estos edificios imaginarios no respondían ya a ninguna lógica funcional de proyecto, eran una forma plástica de mostrarnos ese mundo ideal y fantástico en el que Francisco había decidido habitar en solitario.

En sus referencias a la antigüedad estaban las láminas de Vitruvio, publicadas por Perrault. Partiendo de elementos geométricos puros y de modelos de la arquitectura clásica, dibujó verdaderos paisajes de ilusión, creando una serie de edificios ideales que podrían entrar por derecho propio en el museo imaginario de la humanidad, convocado en las visiones de Piranesi, Ledoux, Boullée, De Wailly, Sant ‘Elia, Mallet Stevens y H. Ferry, entre otros. Con su enorme vocación de investigador e historiador, desde 1985 se sumergió en los documentos y planos históricos de los edificios habaneros. El Archivo Nacional, el Museo de la Ciudad y la Biblioteca Nacional de Cuba fueron las fuentes principales donde bebió incansablemente, para desarrollar una importante serie de dibujos e investigaciones sobre los edificios y espacios urbanos desaparecidos, que finalmente superpuso sobre el tejido de la ciudad actual, junto con los mejores edificios contemporáneos de La Habana, para construir su ciudad ideal.

La posibilidad de una primera publicación se presentó a través del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y del Instituto Cubano del Libro, y Francisco fabricó artesanalmente la maqueta de su libro, con la ayuda de la arquitecta Emma Alvarez-Tabío en la edición de los textos. Desgraciadamente, este importante esfuerzo no llegó a concretarse, quedó solo como testimonio de esa época una selección de sus magníficos dibujos, impresos con muy mala calidad por los talleres poligráficos de La Habana.

Ante el agotamiento de sus fuentes de información en los archivos habaneros y su determinación de continuar esta investigación, lo estimulé a presentar su trabajo sobre La Habana desaparecida al Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid, que le otorgó en 1992 una beca de estudios en los Archivos de Indias de Sevilla, y le permitió viajar a España para profundizar sus investigaciones sobre La Habana.
El tiempo y la ayuda económica de la beca no eran suficientes para terminar la titánica tarea en la que Francisco estaba sumergido, por ello comenzó a investigar y dibujar por cuenta propia, más allá de los Archivos de Indias de Sevilla, profundizando en Madrid su estudio sobre los edificios desaparecidos de La Habana en el Museo Naval, la Biblioteca Nacional, el Servicio Histórico Militar y el Servicio Geográfico del Ejército español, entre otros.

La publicación en 1993 de algunos de sus edificios habaneros, y sobre todo de sus impresionantes vistas aéreas de la Plaza de armas en la Guía de arquitectura de La Habana colonial, editada por la Junta de Andalucía en España, lo consagró como la nueva referencia del dibujo arquitectónico cubano, comparable a Frédéric Mialhe y Eduard Laplante.

Su pasión por la arquitectura lo llevó a trabajar, entre 1993 y 1995, como becario en la Oficina de Proyectos de la Universidad de Alcalá de Henares, donde redescubrió esta centenaria ciudad como nadie lo había hecho antes. Sus importantes y extraordinarios dibujos de los edificios desaparecidos en Alcalá de Henares fueron el cuerpo principal de la publicación sobre el Plan de Restauración Integral de la ciudad, dirigida por don Antonio Fernández Alba.

Su talento de proyectista se manifestó de manera esporádica en esta época, a través de su colaboración en oficinas de arquitectos de Madrid y París. Su más importante proyecto fue el Plan de Desarrollo Regional Urbano de todo el sur de la provincia de Madrid, realizado en 1995 en asociación con Carmen Gavira, reconocida urbanista y profesora universitaria española.

A partir de esos años sus investigaciones y dibujos sobre arqueología arquitectónica y urbana abarcaron ciudades tan variadas como San Sebastián, Toledo, Valladolid, Salamanca y Madrid, entre otras. Estoy seguro de que estos dibujos, no publicados aún, serán considerados en su momento como documentos imprescindibles para poder estudiar y apreciar la evolución de los más importantes monumentos y espacios urbanos de esas ciudades.

Su preocupación por la actualidad migratoria en la Europa de fin del siglo XX (problema que sufrió en carne propia) la expresó en una serie de dibujos de agudo y exquisito sentido del humor. La obra Sistema Le Pen de Extranjería, que presentó al Concurso del dibujo humorístico del importante Círculo de Lectores de España en 1997, obtuvo el Premio Revelación del certamen, otorgado por un jurado compuesto por los más prestigiosos humoristas ibéricos. Debido a su extrema modestia y timidez, no nos enteramos de esta distinción en su momento.

Aunque nunca pudo concretar la edición de su obra La Habana desaparecida, algunos de sus dibujos fueron incluidos en diferentes libros de otros autores, entre ellos Sinfonía Inconclusa (1994) de Roberto Segre, e Invención de La Habana (2000) de Emma Alvarez-Tabío, publicado por la editorial Casiopea.

Fue en la revista Encuentro de la Cultura Cubana, editada en Madrid por el escritor Jesús Díaz, donde se publicó —en el número 14 de 1999— la más importante selección de sus dibujos de La Habana desaparecida, junto con una reseña de los mismos.

Al llegar a un alto nivel en las investigaciones sobre su proyecto inicial, La Habana desaparecida, en el que los edificios y espacios urbanos eran estudiados individualmente, Francisco comenzó entonces a desarrollar un nuevo análisis integral de la ciudad a través del tiempo, en un proyecto al que llamó La Habana arqueológica. Ello se concretó en una serie de dibujos que restablecen la ciudad de acuerdo con sus etapas de desarrollo y transformación. Realizó diferentes secuencias de desarrollo espacial a través de varios siglos, en espacios urbanos como la Plaza de Armas, la Plaza de San Francisco, el canal de entrada de la Bahía y la Plaza Vieja, entre otros.

Al enterarme de su inesperada muerte por infarto cardiorrespiratorio, me desplacé inmediatamente de París a Madrid, para ocuparme, junto a Emma Alvarez-Tabío, de sus obsequios fúnebres y recoger en su apartamento madrileño su inconclusa, pero vasta y excepcional obra dibujada. Emma la inventarió y catalogó detalladamente y yo traje a París la urna con sus cenizas. Sus cenizas y todos sus dibujos los entregamos a su desconsolada madre en La Habana.

Aproveché ese momento para presentarle el proyecto de libro a Eusebio Leal, el historiador de La Habana, quien acogió entusiastamente la idea y dio orden inmediata para su publicación en las Ediciones Boloña de la Oficina del historiador. El libro La Habana Desaparecida de Francisco Bedoya salió finalmente publicado en el 2008, participé como coordinador general de la edición. Es una hermosa obra donde Bedoya levanta la antigua ciudad a través de dibujos y fichas técnicas de importantes construcciones militares, religiosas y civiles, desaparecidas en la lid existencial de la ciudad. Ese libro pretende construir un homenaje póstumo a uno de los más grandes investigadores y dibujantes arquitectónicos de habla hispana, quien consagró su vida al estudio de la arquitectura de las ciudades donde vivió, con vocación auténticamente religiosa.

Recientemente sus dibujos fueron exhibidos en la exposición La utopía paralela, ciudades soñadas en Cuba 1980-1993 comisariada por Iván de la Nuez y Atelier Morales, que organizó el Palau de la Virreina de Barcelona (2019) y el Museo Es Baluard de Mallorca (2021) en España.
No me cabe la menor duda de que allá en el cielo necesitaron sus servicios divinos para dibujar la ciudad de Dios. ■

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