Conversando con Lluís Bassat

COLECCIÓN BASSAT Por: Cristina Requena VillalbaPor: Cristina Requena Villalba

© Guillermo De Angelis

 

Concerté la visita hace dos meses. Tenía muchas ganas de coincidir con Lluís Bassat. Traté de conocer más sobre su persona, el Sr. Bassat publicista y el Sr. Bassat coleccionista. Con todo lo que leí sobre él, hubo un momento en que no sabía donde terminaba uno y donde empezaba el otro.
La excusa de la cita era realizarle una entrevista en relación al Consorcio Museo de Arte Contemporáneo de Mataró. Esta entidad suma esfuerzos entre el Ayuntamiento de Mataró y la “Fundació Privada Carme y Lluís Bassat” para hacer pública la Colección Bassat, con el objeto de explicar la trayectoria del arte catalán desde la posguerra hasta nuestros días. Como digo, era la excusa, yo lo que tenía ganas era de conversar con el Sr. Bassat personalmente por su condición de espectador de arte, coleccionista y mecenas.
Llegué sobrada de tiempo a la cita. Era en la Nau Gaudí de Mataró, sede de acogida de la Colección Bassat. El fotógrafo quería tomar imágenes del espacio con calma y yo quería reencontrarme con la Nau Gaudí que ya conocía como espectadora. Fue tiempo suficiente para charlar unos minutos con Núria Poch, directora del museo, una mujer que habla con entusiasmo de su trabajo de la misma manera que elogia la habilidad comunicativa y la pasión por el arte del Sr. Bassat. De nuevo el publicista y el coleccionista se encontraban y se confundían.
Lluis Bassat llegó. De inmediato me pareció afable y locuaz. Nos acomodamos y conversamos, sin más. Con apenas unas pocas preguntas por mi parte, Lluis Bassat me habló de su pasión por el arte, la voluntad de su Fundación, el papel de las administraciones en el arte contemporáneo... Escuchándole se aprecia que es un hombre apasionado por la vida capaz de disfrutarla y compartirla intensamente.
Preparé la cámara para grabar la entrevista y opté por tomar pocas notas, preferí prestar toda mi atención a sus palabras. No me pregunte nadie ni como ni porque, la cámara no grabó. No hay vídeo.
Así que el artículo que me dispongo a escribir son trazos de una conversación entre el Sr. Bassat y una servidora. Sin más. Procuraré ser fiel a sus palabras, estuve atentas a ellas así que creo poder reproducir con cierta exactitud sus opiniones. Lo que si puedo garantizar sin duda alguna es que el artículo que hoy firmo es el resultado de una agradable conversación con el Sr. Bassat.

Momento de la entrevista

“He dedicado mi vida entera, profesional y personal, a la creatividad” Así se presenta el Sr. Bassat. Le pregunto que fue antes: su pasión por el arte o por la publicidad. “De manera simultánea” responde. Me cuenta con entusiasmo como empezó a trabajar en publicidad en 1965, compró su primera obra en 1968, y compró su segunda obra “La bañista” de Serra de Rivera una tarde de 1973 en la galería Adrià de Barcelona. Ese mismo día adquirió parte de la galería Adrià donde exponían regularmente artistas como Guinovart, Ràfols-Casamada o Sergi Aguilar, entre otros.

Después de aquello ya no hubo marcha atrás. Su profesión y su pasión se retroalimentaban. Disfrutaba de su profesión y de todo lo que le permitía conocer: el mundo de la moda, la alimentación, la automoción... y a medida que observaba y reconocía el trabajo del director de arte de las empresas publicitarias, hacía extensiva su admiración hacía los artistas, en el concepto amplio de la palabra, artistas como directores de cine, pintores, músicos... Acabó por ser amigo de todos ellos.
Su colección se fue construyendo sin la pretensión de ser la Fundación que hoy es. Cuando le pregunto por el hilo conductor de su colección me responde “compro lo que me gusta”. Me encanta la determinación con que dice estas palabras. No le importa si tiene espacio disponible, no piensa el lugar que ocupará en sus paredes, sucede que cuando se enamora de una obra, la compra. Me cuenta con cierta gracia la anécdota de unos conocidos que no compraron un Picasso porque no hacía juego con el sofa: “¡Tira el sofá!” Y creo que no se lo dijo metafóricamente a sus conocidos, se lo dice a todos aquellos que no se atreven a dar el paso de comprar una obra de arte que no haga juego con los colores de su salón. Eso si, matiza, si decides comprar una obra que sea porque te ha enamorado, para invertir hay otros bienes que seguramente tendrán más liquidez.
Me interesa su opinión sobre el estado actual del pensamiento artístico, creativo y divergente del espectador de la sociedad de hoy. “El espectador medio está acostumbrado al Prado. Contemplan Goya, Velazquez... y no ponen nada en cuestión. Luego visitan un espacio con arte contemporáneo y dicen que no entienden nada”. Y alude al hecho de que si de pequeños vemos películas de Walt Disney, las entendemos y nos gustan. Más tarde vemos películas de vaqueros que también entendemos y nos gustan. Pasa que si con el tiempo nos acercamos a una obra de arte y ensayo tipo Bergman difícilmente la vamos a entender a la primera. Necesitamos perseverar en ello. ”El arte abstracto no es tan fácil de entender como el figurativo pero si perseveras también te gustará”. Sugiero que a veces, para los que están empezando a “mirar”, unas claves de interpretación siempre son bienvenidas. “Si claro” responde, y continúa contándome que hacía unos días había visitado un museo en Nueva York y que la persona que les acompañaba les iba explicando todas las obras. “Déjame ver!” dice de repente.

Insiste en que si te han de explicar una obra es que está mal ejecutada: que no se trata de entender el arte, se trata de que sientas algo, lo que sea, que te guste o que te disguste, que te entristezca... pero te ha de inspirar una emoción, ha de conmoverte. Expresa con vehemencia que naturalmente el artista puede denunciar y agregar un discurso a la obra, pero que por encima de todo si la obra necesita ser explicada es porque ha fallado la comunicación. La obra en si misma es un lenguaje y uno de sus objetivos es precisamente la comunicación, cuando se necesitan explicaciones para concretar la obra es porque el artista ha errado el tiro.

Le pregunto que le impulsa a convertir su fondo de arte privado en un museo abierto al público. Me cuenta que ”la intención de la Fundación es compartir con las personas las obras de las que disponemos, y no solo en Mataró o Barcelona, llevamos la colección a todo el mundo. Acabamos de estar en el Museo Nacional de Sofía, en Bulgaria, y el próximo septiembre estaremos en el Instituto Cervantes de Nueva York. De la misma manera, enviamos catálogos a todo el mundo. Y también es nuestro objetivo ayudar a desarrollar el arte contemporáneo” Es fácil comprobar como desde la Nau Gaudí se proyecta la ciudad de Mataró a todo el mundo mostrando en esta exposiciòn el trabajo de los artistas: Enric Ansesa, Rafael Bartolozzi, Joan Bennàssar, Ramón Bilbao, Jim Bird, Jean Budz, Joan Cardells, Tom Carr, Joaquim Chancho, Luís Elorriaga, Luís Gordillo, Carmen Grau, Antoni Guansé, Josep Guinovart, Keith Haring, Joan Hernández Pijuan, Laura Iniesta, Ricard Jordà, Robert Llimós, Pablo Mañé, Maño (Carlos Martín), Joan Mora, José Niebla, Mario Pasqualotto, Enric Pladevall, Albert Ràfols-Casamada, Gerard Sala, Xavier Serra de Rivera, Francesc Subarroca, Josep M. Subirachs, Miquel Vilà i Joan Pere Viladecans.

Nau Gaudí

Me da pie para preguntarle porque una Fundación privada se encarga de promocionar los artistas de nuestro país y que papel juega la administración pública. El Sr. Bassat es crítico con las autoridades culturales del país y no lo esconde. Está convencido que tenemos tan buenos artistas como en otros países, la diferencia es que aquí no se les promociona, como si ocurre en Inglaterra, Francia, China o Estados Unidos. Alude al hecho de que se promociona a los clásicos porque “es muy fácil llevar fuera una exposición de Sorolla, el trabajo es promocionar el arte contemporáneo. Pero eso es lo interesante, promocionar a artistas vivos”. Y se exclama de que el Museo Nacional de Catalunya no contemple el arte contemporáneo de final del siglo XX, de la misma manera que el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Barcelona sólo programa exposiciones de autores extranjeros. Y sigue “Barcelona cuenta con los Museos Picasso, Miró, Tàpias, pero si quieres ver otros artistas no existe ninguna institución que los acoja. La falta de promoción de artistas vivos hace que nadie los conozca y por eso les es imposible vender y vivir del arte”. Y alude a la falta de figuras como Leo Castelli, Fernando Vijande o Juana Mordó, verdaderos marchantes de arte que creyeron y trabajaron por promocionar a artistas que hoy disfrutan de reconocimiento mundial.
Vamos terminando y anoto en mi cuaderno sus últimas palabras: ”El arte en su conjunto ha de sufrir una transformación total: artistas, espectadores y galerías”.
Me voy con la sensación de haber aprendido cosas y de haber disfrutado de la compañía de un hombre que consigue que todo lo que dice, hace y piensa vayan de la mano, no en vano Núria Poch definía esta colección como “vivida”. Tan vivida que aunque todas las obras están catalogadas, a veces se encuentra que determinada pieza no está donde le corresponde porque el Sr. Bassat la ha cambiado de sitio para disfrutarla por un tiempo en otro rincón.
Hace un día espléndido, mi fotógrafo y yo caminamos hacía el coche y nos congratulamos por tener un trabajo con el que disfrutamos tanto.

 

 

Interior Nau Gaudí
Interior "Nau Gaudí"

Col·lecció Bassat
Nau Gaudí, carrer Cooperativa, 47 de Mataró (Barcelona)
Entrada libre.
Info: 93 741 29 30
info@bassatgaudimataro.cat

Revista XII

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