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Bellas Artes

El camino del pueblo

Por: Andrey Epishin

ARTÍCULO. (Versión digital)

Para la artista activista rusa Anastasia Belova, la performance no es solo un gesto audaz y provocador sino, ante todo, una práctica conceptual especial dentro del arte contemporáneo. Prácticamente todas las performances de ella son narrativas. Según Paul Ricoeur, es precisamente la narrativa la que nos ayuda a encontrar sentido. En 2017, en el pueblo de Ulovo, cerca de Suzdal, Anastasia ideó la performance La conductora, que se convirtió en un proyecto a gran escala y continúa siéndolo hasta hoy.

Le llamaron la atención dos torres de hierro para el suministro de agua que parecían puertas a otra dimensión, la frontera entre dos capas de la realidad temporal. Entre las torres crecían enormes arbustos de ortiga y bardana, más altos que una persona. Anastasia decidió que iría a desbrozar el camino a través de estos arbustos.

Así nació la performance. La artista se envolvió en una tela roja, que se convirtió en una referencia al tema de la revolución rusa y, en particular, a la bandera roja. Ya ella había utilizado una tela similar en varios proyectos dedicados al estudio de la memoria individual y la mitología colectiva de la era de la colectivización en la URSS. El atuendo también recordaba a la túnica de una diosa de la Antigua Grecia, reina del orden cósmico. Anastasia encontró una guadaña en el pueblo, en casa de un hombre del lugar. Él con gusto prestó la herramienta, contándole que la guadaña le había sido legada por su bisabuelo. Belova trabaja a menudo con el tema del linaje. El abuelo de ella era herrero y forjaba herramientas de trabajo. Así que la guadaña bisabuelo se convirtió en un contexto adicional para la artista.

Como es sabido, cualquier performance debe incluir cinco elementos básicos: el tiempo, el espacio, el cuerpo, la presencia del artista y la interacción entre este y el público. Cada año, en agosto, actores, directores, artistas y fotógrafos se reúnen durante una semana en la región de Vladímir. En el marco del laboratorio El hombre del mundo, organizado por la comunidad creativa Mira, crean performances, representaciones teatrales y de danza, música, esculturas y pinturas.

El día del estreno, Anastasia recibió a los invitados del laboratorio y los condujo al lugar de la performance sin decirles a dónde iban exactamente. Tras caminar un poco, la artista y los espectadores se encontraron entre las torres, donde les esperaba un barranco. Parecía que había que dar media vuelta y regresar. Algunos de los presentes incluso sugirieron esa idea. Sin embargo, Anastasia logró rodear el barranco y superar así el inesperado obstáculo. Cabe destacar que en ese momento ella misma se encontraba en una situación bastante complicada en su vida. Pero esta acción colectiva, como un ritual, le dio fe y fuerzas, de modo que pronto sus problemas personales se resolvieron de la mejor manera posible.

La propia artista considera que la performance como arte puede ser vital por su capacidad para hacer frente a los problemas de forma directa e intuitiva. Desafía las fronteras entre el arte y la vida, fomentando el diálogo sobre temas como la identidad y las relaciones humanas.

A Anastasia le pareció acertada la imagen de la mujer con la túnica roja y la guadaña, así que decidió llevar su performance al espacio urbano de Moscú. Así nació El camino del pueblo. Durante la representación, el énfasis pasó inesperadamente de «abrir las puertas» al hecho mismo del paso, es decir, a la búsqueda y el trazado de un camino común hacia un futuro mejor. Tanto Anastasia como sus espectadores seguían una ruta intuitiva, sin un destino final. Una situación de experiencia compartida como esta es única.

Por mucho que dure la actuación o que se repita, sigue conformando un sistema simbólico, una especie de objeto artístico, un punto fuera del tiempo.

Tradicionalmente, la mujer con trenza se asocia con la imagen de la muerte. En 2020, esto resonó con la pandemia que asoló el mundo. No obstante, la imagen personificada del tiempo se representa a menudo con símbolos de fugacidad, uno de los cuales ha sido invariablemente la hoz o la guadaña. Sin embargo, en la performance El camino del pueblo, Anastasia no aparece como una deidad griega abstracta, sino más bien como la personificación del Bardo. En el budismo tibetano, es el intervalo entre una vida y la siguiente, entre la muerte y el renacimiento. Este concepto se refiere habitualmente a un período importante para comprender y tomar conciencia de nuestro lugar en el mundo. La experiencia del Bardo se considera normalmente como un tiempo de grandes oportunidades. Anastasia cree que para ella, como artista, es una poderosa metáfora del devenir. ■

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